Mientras Robinho hacía la maleta para Manchester, un desconsolado seguidor del Madrid me comentaba: «No se puede competir con estos ingleses: el año que no aparece un magnate ruso, viene un jeque árabe a romper el mercado». Atribuí su observación a un cierto resentimiento con el jugador brasileño y a un proceso mental llamado «envidia del jeque». Los clubes de la Liga, antes poderosos y dados al despilfarro, ven ahora cómo desde las Islas Británicas les pagan, no ya con la misma moneda, sino con libras esterlinas, rublos rusos y hasta dinares qataríes.
Los ingleses, con sus opulentos inversores, pueden actualmente fichar a cualquier jugador del mundo, para satisfacción de sus supporters . Y esto, que genera urticaria en el seguidor de un Barça o de un Madrid, ¿qué disgusto no nos dará a los pobres hinchas del Celtiña? Porque, mientras los petrodólares desembarcan en la Premier League, en Vigo asistimos a la imparable devaluación del peso mexicano.
Anda el Celta por las catacumbas de Segunda, dándose aires de Rodríguez Menéndez, esto es, como si fuese a desaparecer en cualquier momento. El proyecto que hace tres años inició la nueva dirección de Balaídos va camino de convertirse en el más nefasto de la historia del club. El presidente quería una gestión «a la inglesa» y, en efecto, de esa forma, sin decir ni adiós, está a punto de despedirse el Celta de la historia del fútbol. Un club que se endeudó para tener sede en la plaza de España, la tiene ahora en la calle Lalín. Y su equipo marcha con aire fantasmal llevando el farolillo rojo de la Santa Compaña.
A Vigo no ha llegado un magnate ruso ni un jeque de Arabia, sino un señor empresario que, tal vez cargado de ilusión, se ha metido en un lío de los que no se sale.
Claro que pudiera ser que todo responda a un plan preconcebido. Y que esté saliendo a las mil maravillas. Lo insinúa una reciente entrevista con el presidente en la que decía que el objetivo, este año, es no ascender. Que, por razones económicas, no interesa. Esta declaración, primicia mundial en la historia del fútbol, se está cumpliendo a las mil maravillas, al punto de que, visto así, el Celta no está de colista sin marcar un gol en tres partidos, sino triunfando en su estrategia de ser poco competitivo, y acumulando fracasos con gran éxito, no sea que vengan luego las vacas gordas, y una inesperada racha de victorias y se malogre la planificación realizada por Mouriño y su cuadro técnico.
Si lo que se busca es no ascender, desde luego, estamos en el buen camino. Y, si se busca la liquidación, pues también. Lo triste es que una ciudad como la nuestra está triste. Que los celtistas no vayan por Balaídos. Que las derrotas ni nos duelan. Y que añoremos cualquier pasado.
Con «magnate» y con «jeque» se me ocurren muchos juegos de palabras para definir qué tenemos aquí. Pero no voy a hacerlos.
Confiemos en que esto mejore y que los objetivos marcados, si son los que hemos leído, terminen en un completo fracaso.