Los goles del Celta nunca han cotizado en la bolsa. Pero siempre han tenido gran influencia a la hora de engordar las cajas registradoras de los bares en la zona de Balaídos. Su último descenso ha estado directamente ligado con la deserción de los aficionados al estadio y, por ende, con una notable merma de clientes. No solo afecta a las consumiciones. Francisco Javier Vázquez «Kiko» es el propietario del Tercer Tiempo (en el 22 de Martín Echegaray) y asegura que «la crisis del Celta contribuyó a que prescindiese de una empleada. Ahora atiendo el negocio yo solo». «Antes iban al campo 20.000 personas y pasaban más de cien por mi bar, pero hoy van 5.000 y me vienen quince». -¿El tercer tiempo se juega en su bar? -Sí (risas). Lo inauguré en el año 2000 y su nombre está relacionado con el fútbol. Es un guiño a los aficionados para que al salir de Balaídos se pasen por la barra de mi bar. -¿Es socio del Celta? -Por supuesto. Tengo el número 3.417. Empecé a ir a Balaídos en 1982 y desde entonces no he dejado de ver sus partidos. -¿Y fuera de casa? -También he viajado mucho, incluso en segunda división. -¿Viajó al extranjero? -Sí. Acompañé al equipo en cuatro partidos a Inglaterra y en otro a Turín. -¿En cuál disfrutó más? -Fue en el primer desplazamiento a Birmingham. Había perdido en casa 0-1 y acudimos 500 seguidores para darle ánimos. Hizo una auténtica machada. Se impuso 1-3 y pasó la ronda. -Eran otros tiempos. -Sí. El Celta de Víctor Fernández y el de Irureta nada tenía que que ver con el de hoy día. -¿Aprovechó ese tirón para darle un enfoque deportivo a su negocio? -Por mi bar pasaron muchos futbolistas de esa época: Pinto, Gustavo López, Mostovoi, Sergio, Luccin, Cáceres... Teníamos una promoción con pinchos que llevaban los nombres de algunos jugadores célticos para el sorteo de una camiseta. Venía a entregarla el propio futbolista y la firmaba. -¿Con qué nombres? -Los más destacados llevaban hasta el número de su camiseta. Con el 8: finura Karpin. Se trataba de un pincho vegetal, a base de tomate, lechuga, queso, jamón york, mayonesa y espárragos. Guardaba relación con las características del futbolista. -¿Al pedirle un «zar Mostovoi» qué les servía? -Era más complejo porque llevaba queso, bacon, lomo y un poquito de tomate. Fue el que más se vendió -¿El del número 11? -Se llamaba cuervo López , en honor del delantero argentino. Era de chorizo criollo con queso y jamón york, todo a la plancha. Pero había mucha variedad y con nombres de más futbolistas, como Mazinho, Gudelj, Penev... -¿Y ahora solo pincha el Celta? -(Risas). Está pinchando más de la cuenta, pero hay que darle un margen de confianza. -¿Alguna anécdota? -Muchas. La más graciosa fue cuando tuve que ir en moto a buscar a Mostovoi para que entregara su camiseta porque no aparecía y los clientes ya se impacientaban.