Más dóciles y fáciles de conseguir. Esas son las bazas que han destituido a los tradicionales bueyes de la romería de A Franqueira. En su lugar, ayer transportaba el carro de la virgen una pareja de vacas. «Así evitamos tener que preocuparnos por su bravura, ya que con tanta gente es peligroso que den un empujón o una cornada. Además, ya casi nadie tiene bueyes», recuerda la edil Helena Fernández, que rememora que el año pasado llegaron desde Redondela por la carretera, «porque transportarlos era otro problema».
Pese a que la imagen no es la auténtica de piedra, para evitar que se dañe, y los bueyes ya no son bueyes, la celebración no pierde vistosidad. Ni fieles, porque ayer eran miles las personas que se acercaron hasta la zona para seguir la misa, procesión y posterior escenificación.
Muchos de los devotos acudieron ya el domingo en peregrinación hasta el santuario, pero ni con esas había huecos bajo la carpa del atrio de la iglesia para moverse. Igual ocurría dentro del templo minutos antes de empezar la procesión, cuando los fieles apuraban el tiempo para pasar por debajo del arco y hacer su petición a la imagen.
Tras la misa, oficiada por el obispo de la diócesis Tui Vigo, Jose Diéguez, la réplica fue transportada en el carro hasta el lugar donde se escenificaban las danzas. Ocho jóvenes se encargaron de poner sobre el escenario la tradición, que volvió a sacar los trajes blancos, llenos de lazos rosas y azules, puntillas, collares, delantales y otros adornos, de la memoria de los asistentes habituales.
Uno de los momentos más llamativos tuvo lugar cuando acabaron las complicadas vueltas de los bailarines, con la escenificación del moro y el cristiano.
Políticamente incorrecto
Echando por tierra cualquier formalismo de los tiempos modernos, el texto maldiciendo a Alá, criticando sus costumbres y su culto, sacó los colores a más de un visitante extranjero. Vamos, para muchos las viñetas tantas veces criticadas sobre la religión islámica se quedaron cortas en comparación con algunas de las frasecillas que se incluyen en el texto que el cristiano dice al marroquí para convencerlo de su fe.
«Mentireiro», entre otras muchas perlas, fueron las palabras que se escucharon en referencia al dios de la religión musulmana, cuyo protagonista escenificaba un vecino pintado de negro. La lucha, por supuesto, acabó con la derrota del «infiel», que se acogió a las creencias católicas y a la devoción de la virgen de A Franqueira. Eso sí espada y cadenas en el cuerpo por delante, por supuesto.