El equipo aún está en construcción

Juan Villar

VIGO

Pocas veces una plantilla tan renovada como la del Celta funciona bien en el terreno de juego, necesita mejorar su acoplamiento y buscar más soluciones ofensivas

31 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El discurso más recurrente después del fracaso en el arranque de la competición será el de decir que esto no ha hecho más que empezar y que todavía queda toda la Liga por delante. Esta sería la peor actitud posible, porque si uno empieza a justificarse desde el primer momento, puede seguir así semana tras semana mientras las soluciones no llegan.

Cierto es que no hay que alarmarse, pero hay que ir más allá y empezar a reconocer los defectos y que queda mucho por mejorar. Cuando se comete error tras error, como ha ocurrido con el Celta en los últimos años, no es fácil de la noche a la mañana arreglar el desaguisado. Todo requiere un tiempo.

El primer problema que Pepe Murcia tiene que solucionar contrarreloj, antes de que la clasificación empiece a generar urgencias, es el del acoplamiento.

Nueve nuevos

Y es que entre las numerosas variables que, sumadas, propician que un equipo funcione como tal y practique un fútbol fluido y efectivo, una de las más importantes es la conjunción entre los jugadores. Pocas veces un equipo construido casi de arriba a abajo funciona como un reloj.

En la alineación del Celta había ayer nueve futbolistas que jugaban juntos por primera vez un partido oficial. Todo lo contrario ocurría con el Girona, donde nueve de los titulares fueron protagonistas del reciente ascenso desde Segunda B.

Para muchos puede parecer una tontería, pero la experiencia dice que cuando once jugadores están acostumbrados a moverse de memoria, cuando conocen las virtudes y los defectos de sus compañeros, como se mueven, y demás, el resultado es mejor. Este dato recortó ayer la teórica diferente que debería de haber entre la plantilla del Celta y la del Girona, que es sin duda una de las modestas de la categoría.

Habrá que esperar que este acoplamiento no llegue demasiado tarde, porque la competición no espera, y el discurso de que lo que cuenta son las diez últimas jornadas se ha demostrado que entraña sus riesgos.

Mientras tanto habrá que ir sobreviviendo quizás de esos destellos individuales que ayer se echaron en falta, especialmente en la pareja atacante.

Ausencia de calidad arriba

David Rodríguez y Ghilas tienen mucha movilidad, pero les falta una pizca de calidad e imaginación, que nunca está de más para desatascar en los últimos metros. Hace falta un mediapunta o un segundo capaz al mismo tiempo de crear juego, de ofrecerse como una solución de pase a sus compañeros a la hora de sacar el balón desde atrás, como de dar ese último pase de calidad e incluso con remate dentro del área.

Entre Trashorras, que juega demasiado atrás para lo que es natural en él, y Kamel Ghilas, teóricamente el segundo punta, había demasiado metros.

Solo quedaba la opción de caer a bandas.

Abalo, de lo mejor

El canterano empieza a soltarse. Tiene soluciones cuando recibe el balón en la banda. Su marcador nunca sabe si se le va a ir por fuera y centrar o por dentro con una finta antes de dar el último pase o rematar a puerta. Ambas cosas las hace muy bien y suele tomar la mejor decisión. El de Vilagarcía necesitaba un partido como este para ganar confianza, pero con una victoria.