El rebufo de Alain Petit

VIGO

23 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Se llamaba Alain Petit. Vivía de destrozar coches. Le pagaban por ello, por lo que tenía buen cuidado de no hacerse daño, ni de dañar a nadie. Claro que hay quien ve una película de Superman y se cree a pies juntillas que el ser humano puede volar.

Las exhibiciones que Alain Petit hacía en el Areal, en los años setenta, son tan recordadas que algunos conductores siguen haciendo puntos, para luego perderlos. Y es que el tráfico vigués es complicado. Requiere algunas claves para desenvolverse sin errores. Por ejemplo, si le apetece tomar un café y no encuentra sitio donde aparcar correctamente, déjelo en cualquier sitio sin remordimiento de conciencia. Si otro vehículo queda atrapado por su culpa solo tendrá que decir: «Hombre, no se ponga así, que solo paré un momentito para hacer un recado». Acuérdese de no sonreír.

Recuerde también que la señal de limitación de velocidad es una figura retórica. Solo deberá tenerla en cuenta al pasar por los radares fijos, que solo les falta que les den una capa de minio y les coloquen encima un árbol de Navidad. Aunque el semáforo ofrece tres posibilidades lumínicas, no haga caso, es producto de un error de fábrica ya irreparable. El conductor vigués está «afeito» a estos defectos y sabe que el ámbar es como el verde, y el rojo es tan efímero que se puede arrancar el coche antes de que cambie al verde.

¿Y el paso de peatones? Durante tanto tiempo fue llamado paso cebra que todos andan con la idea de que es a las cebras a las que hay que cederles el paso y no a las personas.

Y es que el conductor vigués tiene la sensación de que es una cobaya. No hace mucho, a alguien se le dio por las rotondas y «ale, palante». Sin saberlo, crearon una tierra de nadie, que solo se puede atravesar echando el morro del coche por delante.

Les contaré un secreto: hablar por el teléfono móvil cuando se conduce está prohibido. El tráfico en Vigo es complicado, y los vigueses también. Mejor es andar, que de momento se puede hacer sin gran dificultad debido a la enorme capacidad ascensora del nativo, o coger el vitrasa, no sin antes armarse de paciencia, sobre todo los domingos.