Resulta asombroso que hasta el delfín Gaspar pueda considerarse un peligro. Así lo ha conseguido un colectivo de buceadores, que pide a la Xunta que «intervenga» para terminar con su «acoso». Mientras este simpático personaje juguetea en nuestra ría, algunos medios se refieren a él como «el delfín desertor», le atribuyen un «entrenamiento militar» y hasta llegan a hacerlo veterano de la guerra del Golfo, donde mataba buceadores enemigos, equipado con una pistola de dardos de aire comprimido.
Uno lee todo esto y, como es obvio, concluye que nos hemos vuelto definitivamente majaretas. Y que no debe extrañarnos que existan guerras. ¿Qué no nos creeremos de la maldad del enemigo si estamos dispuestos a considerar a un travieso delfín como un arma letal?
Para miles de turistas que nos han visitado, el delfín Gaspar ha sido lo mejor que les ha pasado este verano. Las fotos del cetáceo jugando en torno al barco de Cangas o de Cíes terminarán de fondo de escritorio de sus ordenadores en el largo invierno tierra adentro. Y todo este bien, tanta bondad gratuita, remata con una campaña para que se capture al pobre bicho.
Antes que en Vigo, Gaspar estuvo en Ribeira, Póvoa de Varzim, Vilapraia de Áncora y en el poderoso puerto de Leixoes. Y nadie en estas localidades pidió su exterminio. Como mucho, destacaban que jugueteaba junto a las embarcaciones o que se acercaba mucho a las hélices de los barcos.
Pero está visto que aquí somos diferentes. Aquí hay gente capaz de ver al pobre Gaspar como una temible amenaza, un monstruo, un auténtico leviatán.
La industria de Hollywood, que no suele desechar las buenas ideas, debe estar ya preparando un dramático thriller titulado Delfín asesino , que muy pronto podremos ver en «El Peliculón», de Antena 3 , que es donde salen estas películas. A esta entrega, seguirán Tortuga infernal y Foca Monje III: La maldición de Jason , con mucho higadillo de por medio.
Mal vamos si ya nos molesta en la ría hasta un delfín. Y confiemos en que la campaña en su contra no termine con la salvajada de algún desaprensivo y con el animal muerto, varado en cualquier playa. Más le valdría a Gaspar cuidarse de nosotros, que somos los verdaderos bichos peligrosos.
Hay que hablar con Delfín, en este caso Fernández, subdelegado del Gobierno en Pontevedra, para que vigile bien a más de un bárbaro. Y que la Guardia Civil evite que comience la caza contra Gaspar, un nuevo ciudadano vigués que tiene tanto derecho, o más que nosotros, a su ría. La nuestra, nuestra ría, la ría de Gaspar.