Las tres ces

VIGO

Los pilares tradicionales de la ciudad de Vigo son el Cristo, el Celta y la Citroén (es preciso acentuar la entonación en la última vocal para asemejarse a la pronunciación tradicional de esta empresa en la ciudad). En las tres ces se resumen los aspectos vitales de la esencia viguesa, que no se corresponden exactamente con la espiritualidad, la diversión y el chollo.

Claro que a lo largo del tiempo, estos vectores han corrido suertes diversas, alguno de ellos incluso malas suertes abundantes.

Mientras el Cristo sigue sumando adeptos (e incluso adictos) a su procesión anual, como quedó bien patente la pasada semana, el Real Club Celta pena su soberbia en el purgatorio de la segunda división, y Citroén vive con la espada del tal Damocles pendiendo de su cadena debido a la maldita crisis que nos embarga, perdón.

Los jugadores y directivos del Celta siempre empiezan la temporada acudiendo a la Concatedral_ que, recordemos, deberemos llamar Colegiata_ para pedir por sus éxitos deportivos. El éxito económico siempre se les olvida, o el Cristo pasa del tema por plantearse como una solución prácticamente irresoluble.

Partido y párking

Los empleados de Citroén acuden a ver los partidos del Celta a Balaídos cada dos domingos y siempre salen cabreados, aunque pueden aparcar dentro de la factoría y el enfado no es tan grande como los que van a ver al Celta y tienen que aparcar en los alrededores del campo (uffff).

Los fieles al Cristo van a ver al Celta y, al día siguiente, trabajan en Citroén. Algunos trabajadores de Citroén y sus familiares van a la procesión del Cristo, pero no alzan sus ruegos ni por el Celta ni por Citroén. Así están ambos en una situación tan delicada.

El Celta lleva la publicidad de Citroén en su camiseta porque Citroén patrocina al Celta. El campo de juego del Celta está al lado de la fábrica de Citroén, pero lejos del templo del Cristo, por eso influye tan poco en ellos.

El Cristo es de la Victoria y el Celta, ahora no. Vigo tiene tres pilares fundamentales sobre los que gira la vida: el Cristo, el Celta y la Citroën. Pero ninguno de ellos, por más que pudiera parecerlo, se corresponde exactamente con la espiritualidad, la diversión y el chollo.