El catarro de verano

VIGO

02 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Nada hay peor que un catarro de verano. Llevo yo unos días sacudido por toses y envuelto en fiebres y, antes que enfermo, me siento ridículo.

Un constipado de verano es algo completamente extemporáneo. Todo, en cuestiones de catarros, está diseñado para el invierno: la manta, el caldo caliente, el fuego de la chimenea? Todo esto, que es el escenario natural de la gripe, su decorado, es impensable en agosto, lo que multiplica el castigo para los acatarrados.

Más que curarte, desearías viajar en el tiempo y aparecer en una fría tarde de febrero en la que, tras el cristal, cayese la nieve. Y que, además, esa misma nieve le cayese encima a la gente mientras la observas entre almohadones.

Un constipado de invierno provoca la conmiseración del prójimo, que pronto se solidariza contigo. Mientras la lluvia azota las ventanas, no faltará quien te tome la temperatura, te arrope o te traiga un consomé.

El médico, en temporada alta de catarros, te tratará de forma exquisita y tendrá una palabra amable: «Tenga usted su baja y descanse, que este año la gripe viene muy mala», te dirá.

En cambio, en el constipado de verano ocurre todo lo contrario. El médico, que además es un sustituto que no te conoce, te tratará como a un bicho raro y, en lugar de solidarizarse, te echará la bronca: «Eso es por andar tomando bebidas frías y por tanto aire acondicionado», te reconvendrá.

Así que el catarro de invierno es una fatalidad, mientras que el de verano es culpa tuya. La sensación que te aporta una gripe veraniega es que, además de estar enfermo, es que eres tonto.

No faltarán amigos que harán chistes y, en lugar de llamarte para saber cómo estás, te contarán las innumerables, fiestas, conciertos, viajes, días de playa y saraos en los que van participando mientras tú, desecho de la sociedad, estás en el sofá sonándote los mocos y sin siquiera poder echarte encima una amorosa manta.

Decía Julio Camba que los constipados de verano son «antiartísticos». Y es verdad. No hay forma de componer una escena apropiada para ellos y, en lugar de conmover a tus allegados, solo conseguirás su mofa.Mientras salgo a prepararme un frenadol, acabo de idear algo para componer mejor mi triste escena.

En lugar de taparme con una manta, corro al sofá a taparme con una toalla. Mientras ustedes gozan y se refocilan con mi desgracia, aquí estoy, bajo un colorista diseño con olas y delfines, convencido de haber perdido en parte la salud y, por completo, la dignidad.