«Voy a comprar al súper tranquilo, me siento muy seguro en Vigo»

María Jesús Fuente / S. Antón

VIGO

Es de los pocos políticos a los que el cargo no se le ha subido a la cabeza, pese a la difícil responsabilidad de defender la seguridad de todos los ciudadanos de la provincia como subdelegado del Gobierno.

El apego de Delfín Fernández a Vigo viene de pequeño, desde que con seis años vio por primera vez el mar desde el paseo Alfonso XII. Tal fue el impacto que le causó la ciudad que tan pronto como aprobó la oposición la eligió para desarrollar el trabajo de técnico de la Administración. Desde entonces han pasado treinta años y se encuentra tan cómodo como el primer día.

«Hago la misma vida de siempre, voy a comprar al súper tranquilo, me siento muy seguro en todas las calles de Vigo, evidentemente a altas horas de la noche hay lugares o itinerarios que uno no suele hacer».

Es cierto. A Delfín Fernández se le ve con frecuencia haciendo la compra en la tienda del barrio, igual que se le veía antes, cuando era concejal de la corporación viguesa. No se siente observado ni ha perdido un ápice de libertad. Tampoco le coarta el cargo a la hora de disfrutar del tiempo de ocio, aunque confiesa que ahora sale menos de noche por los propios hábitos de vida.

Nunca le ha parado la policía, ni siquiera para hacerle un control de alcoholemia, ni a él ni a sus chóferes. Y eso que la matrícula del vehículo es normal. Lo que sí ha pillado es más de un atasco en el puente de Rande, como tantos cientos de trabajadores que se desplazan a diario entre Vigo y Pontevedra.

La experiencia de su cargo actual en la Subdelegación del Gobierno y la de concejal en el Concello de Vigo es bien diferente. Pese a reconocer que el trabajo actual es delicado y complejo, se siente muy a gusto, muy en lo suyo. Su larga experiencia en la Administración hace que le resulte apasionante y que se sienta en su espacio natural, que lo conozca a fondo.

Del Concello vigués no conserva una experiencia dolorosa. Fue una etapa convulsa que le tocó vivir en el seno de su propio grupo. No solo consiguió aguantar el tipo, sino que logró salir airoso de las intrigas y situó a la concejalía de Empleo en el lugar que le correspondía.

«Es el día a día, las batallas (entre comillas) tienen mucha intensidad y eso se ve compensado con la proximidad», explica.

A partir de esta noche, Delfín Fernández tendrá que enfrentarse a una huelga de transportes que se presume, como la mayoría de los conflictos laborales, complicada.

Su misión consiste en buscar en la medida de lo posible un equilibrio entre el derecho a la huelga, el derecho al trabajo y el de los ciudadanos a vivir en paz. Tres vertientes que el subdelegado del Gobierno deberá conjugar con maestría y tiento para no desequilibrar la balanza y evitar descontentos.