El buque oceanográfico vigués «Sarmiento de Gamboa» clava una banderola con esa exclamación en el suelo oceánico en la primera prueba del robot «Víctor 6000»
20 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Un vehículo que cuesta más de seis millones de euros para recorrer tan solo una distancia de dos kilómetros, podría parecer carente de sentido. Pero son 2.000 metros hacia el fondo marino y el buque es español, con base en Vigo. Durante las primeras pruebas realizadas para el manejo del robot teledirigido Víctor 6000 , que puede descender hasta 6.000 metros de profundidad, los científicos españoles clavaron una banderola con la interjección ¡Olé! en el suelo oceánico, al sur de Saint Tropez. Fue en la segunda inmersión de este tipo, el pasado 18 de enero, después de cuatro años desde que se iniciase el proyecto de la nave científica y se empezase a experimentar con los complejos ingenios que lleva a bordo.
El Víctor 6.000 pesa cuatro toneladas, mide unos tres metros de largo por dos de ancho y dos de alto y se desplaza a una velocidad de 1,5 nudos. Dispone de numerosas cámaras de televisión, cinco de ellas en color para registros, y dos monitores para dirigir el artefacto. El ingenio se maneja desde a bordo de la siguiente forma: desde el cabrestante emplazado en la popa del buque se arría y se sumerge a unos cientos de metros de profundidad una barquilla nodriza, que es el módulo que establece el telecontacto electrónico entre el robot y el puesto de mando en el buque.
El camino hasta llegar a este punto de la investigación marina española ha sido largo. Treinta y cinco años después de haber construido el Cornide de Saavedra -el primer gran barco de investigación oceanográfica de España y considerado por muchos aún hoy, con permiso del Hespérides , el buque insignia de la flota científica nacional (los expertos dicen que también es el más confortable)- el astillero vigués Construcciones Navales P. Freire, fue el encargado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Xunta de Galicia del diseño de este gran laboratorio flotante, cuyo coste fue de 25 millones de euros (unos 4.000 millones de las antiguas pesetas). Está operativo desde mediados del año 2007.
Patente francesa
Al margen de las especificaciones para las que ha sido construido (campañas de pesca, sísmicas, acústicas y oceanográficas), la plataforma científica flotante es la primera de las españolas en trabajar con vehículos submarinos teledirigidos no tripulados, capaces de hacer inmersiones de hasta 6.000 metros de profundidad, muy superiores a la distancia a la que yace el casco del petrolero Prestige , a unos 3.800 metros por debajo de la superficie. La tecnología, con todo, es de patente francesa, ya que el robot que incorpora a bordo el buque está diseñado por el Ifremer galo (el instituto de oceanografía francés).