La lluvia, a ratos bien intensa, no ha podido aguar las ganas de fiesta que tienen los asiduos de la feria de abril viguesa. Mientras en el exterior han llegado a caer chuzos de punta, bajo la carpa instalada al efecto en Castrelos, corre generosa la manzanilla y el rebujito al son de las sevillanas, mientras los camareros van surtiendo las mesas de pescado en adobo, puntillas, tortita de camarones o pan caliente con salmorejo y jamón pata negra. «Está siendo una feria pasada por agua, pero la gente se divierte igual», afirmaba ayer la presidenta de la Casa de Andalucía, Josefa Villar.
De hecho, si el viernes (en realidad ya el sábado) la juerga se prolongó hasta pasadas las tres y media de la madrugada, hoy estaba previsto que, como en la canción, les dieran las claritas del día. Con tan buen humor se han tomado los asistentes el contratiempo meteorológico, que no sólo dan por bien empleado el dinero que han tenido que gastarse en entarimar en interior de la carpa para conjurar las lagunas que se formaban en su interior, sino que el apagón del primer día, lejos de provocar el desánimo, lo que propició fue que arreciara el cante con más bríos. Si es que eso es posible.
Uno de los atractivos del programa de ayer era el cursillo acelerado de sevillanas. Son muchos los legos en la materia que no se atreven a subir al tablao precisamente por falta de tablas. Pues también en eso han pensado en la Casa de Andalucía y, durante una hora, varios monitores fueron explicaron a los profanos que se acercaron aquello de coge la manzana del árbol, llévatela a la boca y luego tírala. Dicen los que saben de esto que si el ejercicio se hace con arte, se ha pillado el intríngulis de las sevillanas o, lo que es lo mismo, luego la primera, la segunda, la tercera y la cuarta salen de corrido.
En cada nueva edición son más las personas, sobre todo mujeres, que apuestan por vestir el traje de flamenca. Muchos pudieran pensar que teniendo uno en el armario, dos a lo sumo, ya se está servido para siempre porque es una moda que no cambia. Se equivocan de medio a medio. Cambia y mucho. Según me cuenta Josefa Villar este año lo que se lleva es el traje corto (por la rodilla), sobre todo para las jovencitas. Me dice también que se ha vuelto al lunar clásico y que prima la mezcla de volantes anchos y estrechos.
En Vigo hay una cordobesa que los hace, Loly Castelló, aunque son muchos los andaluces que se los traen del sur. El precio mínimo de un traje de flamenca ronda los 200 euros, a los que hay que sumar casi otros tantos en pendientes, flores, mantones, peinetas... En fin, que Castrelos, como Sevilla, tiene desde el pasado jueves un color especial.
Hay cantera. Y mucha. Quedó patente en el cásting que organizaron ayer las integrantes de Viggirls, que necesitaban ampliar su nómina para poder atender a todos los compromisos.
Una veintena de jóvenes de todas las edades se presentaron a la prueba. «Había bastante nivel», reconoce Marta Vera, que explicó que han seleccionado a cuatro chicas, procedentes del mundo de la danza y del deporte. Las incorporaciones se producirán el próximo mes de junio, que es cuando acaba la temporada del Gestibérica, equipo al que llevan animando varias temporadas.
Si es importante que los vehículos pasan la ITV con regularidad, no lo es menos que las personas hemos de hacer lo propio. El caso es que este fin de semana, por obra y arte del salón Todosalud, el Ifevi se ha convertido en una macroinstalación de ITV humana.
Las colas se han convertido en seña de identidad de algunos stands, como los de revisión ocular o la medición de tensión. Pero los que más miradas de deseo suscitan son los de masajes, así como los de control del porcentaje de grasa. Todos esperaban que les dijeran aquello de prueba superada.