El arquitecto sevillano no da crédito al maltrato que recibe su obra y cree que existe cierta dejación de funciones de las instituciones en mantenimiento y vigilancia
04 abr 2008 . Actualizado a las 11:17 h.La eliminación del estanque de la plaza de O Berbés y su sustitución por tres barcas con flores ha colmado el vaso de la paciencia de Guillermo Vázquez Consuegra. A estas alturas su proyecto de Abrir Vigo al Mar poco tiene que ver con lo que el arquitecto sevillano diseñó hace más de una década.
-¿Es normal que ocurran estas cosas?
-No es normal, hasta ahora no me pasó nunca, hay muy poca atención y cariño por la arquitectura y los espacios. En Suiza, donde me encuentro en estos momentos, sería inimaginable modificar la obra de un arquitecto sin consultar.
-¿A estas alturas tiene algo que ver su proyecto con la idea original?
-Más de la mitad de Abrir Vigo al Mar no se ajusta a mi proyecto. La idea de convertirse en un gran polo de atracción cultural se quedó en bares y terrazas.
-Y también se ha quedado en nada la plaza de O Berbés.
-La composición del espacio público parte del entendimiento de Vigo como una gran ciudad, tanto el paseo marítimo como O Berbés. En cambio, las barcas con flores que se han puesto ahora son más propias de una estética pueblerina, que entra en conflicto con una gran ciudad. No me lo imagino en Barcelona, sino en una rotonda de pueblo, es una cosa más costumbrista, del siglo XIX. Da mucho cante, no tiene nada que ver con el resto de la intervención. Es una falta de respeto hacia mí, que me mostré dispuesto a solucionar un problema si es que existía y no era inventado.
-Da la impresión de que en Vigo se elimina todo aquello que requiere mantenimiento o vigilancia.
-Desde luego. Si el estanque se mantiene limpio no supone ningún foco de infección, como se ha alegado. Es un problema de falta de mantenimiento y cuando se construyó había un compromiso para mantenerlo limpio. Si la gente se caía en él, podía buscarse un sistema de protección no impactante. El estanque evocaba el agua y no podía ser de pequeñas dimensiones. Hay algo de dejación de funciones de las instituciones. Por mucho que se empeñen en hacerlo creer, la gente en Vigo se comporta igual que en Sevilla o Munich, solo hay que controlar que los coches no suban a las aceras y limpiar.