Centenares de devotos honraron ayer al patrón de Gondomar, cuya onomástica coincidió con el Viernes Santo
25 mar 2008 . Actualizado a las 11:52 h.En Gondomar el santoral parecía ayer haberse vuelto loco. Centenares de fieles honraron durante toda la jornada a San Benito cuando, en realidad, se cumplía la onomástica de Santa Joaquina. La causa se debe a la coincidencia el pasado 21 de marzo del Viernes Santo con el día propio del patrón de los gondomareños.
La Iglesia no autoriza a los sacerdotes ofrecer misa el día de la Pasión y como San Benito es, entre otras cosas, una sucesión ininterrumpida de eucaristías en el templo parroquial, su celebración se hizo del todo imposible.
Pero los fieles de Gondomar no quisieron este año quedarse sin mostrar su gran devoción hacia este santo milagreiro y tener que suspender la fiesta, como han decidido en otras parroquias de Galicia Así que decidieron saltarse el calendario religioso y aplazar los actos tres días, a pesar también de que la onomástica se vuelve a celebrar el 10 de julio con una gran romería veraniega que congrega a un mayor número de devotos que la fiesta de invierno.
La última vez que San Benito y el Viernes Santo coincidieron fue en el año 1913, pues esta circunstancia solo puede ocurrir cada 95 años.
A pesar del frío y de la lluvia, centenares de personas se acercaron hasta la iglesia del centro de la villa condal para rezar a este santo que es especialmente benévolo con la cura de verrugas y de toda clase de enfermedades de la piel. Muchas personas llegaron andando en peregrinación después de haber partido a primera hora de la mañana desde ayuntamientos cercanos como Baiona, Nigrán, Tui o Porriño.
Tradiciones
La casa parroquial volvió a quedar inundada por la gran cantidad de huevos, aceite y objetos de cera que ofrecen centenares de persona. Son los productos «estrella» de la fiesta religiosa y responden a una de las tradiciones más antiguas de Gondomar.
Todavía continúa perviviendo entre los vecinos la costumbre de pedir huevos de casa en casa en nombre del santo. Los huevos se ponen a la venta y el aceite, tras ser bendecido, se distribuye en pequeños frascos y se ofrece a los devotos a cambio de la voluntad, para que pueda ser aplicado en las zonas del cuerpo que desean curar. Nada se pierde porque las ofrendas que se quedan sin vender se entregan a las familias más necesitadas del municipio.
Los gondomareños volvieron ayer a revivir una de sus tradiciones más antiguas. Ni la Semana Santa ni el mal tiempo que hizo durante todo el día pudieron con uno de los santos más queridos y venerados de toda la comarca de O Val Miñor.