El mar sufre, pero pocos lo saben

Xoán Tormes

VIGO

El Museo del Mar explica a los niños durante todo el fin de semana cómo la contaminación amenaza el futuro de la ría de Vigo y de la vida en el planeta

21 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El mar es un pulmón. El pulmón del planeta. Por él respiramos. Pero nos estamos quedando sin oxígeno. Sin aire. Sin pulso. Desde hace seis decenios, el mar se ha convertido en el único rincón en el que el hombre no domina. Al menos no del todo. Por eso resiste. Lo explican estos días en el museo del mar, en un taller de trabajo en el que dejan claro que el ser humano se ha convertido en la gran amenaza de cara al futuro.

Y la amenaza es gruesa. No es solo que los bosques ardan. Ni que el ser humano dilapide las reservas de agua. Ni siquiera que su pasión desenfrenada por el progreso tiña el cielo hasta convertirlo en gris. Es peor. Se lo cuentan estos días a los niños en el museo del mar, en el que un taller sobre contaminación y cambio climático explica a los niños y a los adultos que el CO2 que entre todos emitimos calienta los polos y pone el océano al límite.

Queda patente en sus experimentos, en los que el CO2 se convierte en cuestión de minutos en el final de las especies con concha. «En el taller aceleramos el efecto de la contaminación, pero así queda claro», explica Ariadna Cid, una joven licenciada en Ciencias del Mar que detalla cómo la contaminación está afectando todas las especies y cómo el cambio climático acelera la destrucción de las condiciones de vida en el planeta. «La realidad más terrible es que no sabemos cuáles pueden ser las consecuencias que puede tener la contaminación actual. El planeta nunca estuvo en una situación como la actual, por lo que no está claro qué puede ocurrir», advierte.

Y por eso temblamos. Pero ni con esas cunde la preocupación: en el taller sobre contaminación que organiza el museo del mar, apenas participaba una decena de personas. Pero llegarán más, para darse cuenta de que el mar sufre, pero muy pocos lo saben. «Lo que más nos preocupa es que los niños lo entiendan», explican. Y que cunda la esperanza.