Sin ida y mucho menos vuelta

Víctor López

VIGO

El tercer entrenador de la temporada en el banquillo vigués mostró en su estreno que este Celta no hay quien lo arregle

17 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La irrupción de Antonio López como primer entrenador del Celta no ha servido para cambiar las malas vibraciones que este equipo ofrecía con López Caro. Dos equipos en puestos de descenso, han puesto a relucir las vergüenzas de un bloque que ha hecho el ridículo en sus últimas actuaciones.

Los cambios del nuevo técnico

Lo de a entrenador nuevo, victoria segura, es cada día menos creíble. Sin embargo, lo de que los cambios con un técnico de estreno están asegurados, es una constante que se mantiene. El debut de Michu, como mediapunta, la vuelta de Núñez a la banda derecha, o la inclusión de Jorge Larena en la izquierda, modificaron sensiblemente lo que venía haciéndose en los últimos partidos. No sirvió de nada. Porque a los canteranos estas oportunidades le llegan en un momento de declive. Porque Núñez no ha tenido fuelle en toda la temporada, y ahora menos que nunca. Y porque Jorge nunca fue un jugador de banda, y menos de la izquierda. Los jugadores de «ida y vuelta» que el técnico pretendía no dieron el resultado defensivo esperado.

Sin propósito ni enmienda

El problema defensivo del Celta parece no tener solución. La preocupación de Antonio López por proteger a su equipo no sirvió de nada. El primer cuarto de hora ante el Albacete sirvió para ver las carencias, una vez más, del probablemente uno de los peores conjuntos de la Liga en este momento.

El enésimo desajuste provocado por Rubén desencadenó el tanto manchego. El central volvió a tener una actuación de esas que preocupan. El jugador con más minutos de la plantilla, el único intocable para los tres entrenadores que ha tenido el conjunto vigués, acabó siendo silbado cada vez que tocaba el balón. Fue el principal fichaje del pasado verano. El único gallego ayer en la alineación inicial. Tiene contrato varias temporadas, y ahora mismo inspira poca confianza a una grada necesitada de motivos en los que creer.

El baile de Alustiza

El argentino Alustiza terminó provocando los olés de la grada cada vez que sorteaba a un contrario celeste. Eso y los gritos de ¡Dimisión!, dirigidos al palco hacían impensable una reacción para un equipo que perdiendo 0-1 fue incapaz de dar la sensación de que podía empatar. Las entradas de Jonathan Vila o Roberto Lago, pueden ser el ejemplo de en que se convertirá este final de Liga. Antonio López tenía órdenes de apostar por la cantera y en lo que resta, siempre que la permanencia del equipo no peligre, será el momento para esos jugadores.