El narrador fue galardonado con el Premio Azorín con la novela «Pólvora negra», que reconstruye el atentado del anarquista Mateo Morral contra Alfonso XIII
08 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Con esta novela he cantado bingo». Montero Glez (Madrid, 1965), un francotirador de la literatura, un «navajero de la palabra», se ufana de ser el ganador del Premio Azorín 2008 con Pólvora negra , una novela a caballo entre la historia y la intriga policíaca en la que reconstruye al segundo el atentado del anarquista Mateo Morral contra Alfonso XIII el día de la boda real en 1906. Estará en la calle el ocho de abril y desvelará al gran público a un singular narrador empeñado en contar historias corrosivas con su peculiar estilo: el «folclore cósmico». Un narrador para minorías que quiere llegar a las mayorías y que no se arrepiente «de nada». Montero Glez ha realizado una escrupulosa y exhaustiva investigación sobre la tentativa de regicidio perpetrada por Mateo Morral el 31 de mayo de 1906. Aquel «anarquista ilustrado» lanzó desde un balcón del 88 de la calle Mayor de Madrid una bomba oculta en un ramo de flores al paso de la carroza real en la que viajaban Alfonso XIII y su recién desposada Victoria Eugenia de Battenberg. Causó 23 muertos y un centenar de heridos. -¿Montero Glez deja con este premio de ser un escritor para selectas minorías? -Sí. Para eso me presenté. Hasta ahora era un escritor de capillitas, de culto según algunos. Con este premio extiendo esas capillitas. He sido en el articulismo lo que Vázquez Montalbán llamaba un «ruido dentro del canal único de información». Un «nudo de resistencia», que diría el subcomandante Marcos. En la literatura soy la china en el zapato de los propietarios de los grandes salones literarios. Me había presentado al Nadal dos veces, con Sed de champán y Cuando la noche obliga . También al premio Primavera con Manteca colorá . Con Pólvora negra por fin he cantado bingo. Confesaré además que cada año, desde hace diez, me presento al González Ruano de periodismo. -¿Se pude ser esa china en el zapato y vender decenas de miles de libros? -Sí. Escribo para se ser leído. Me da igual si mis libros se venden, se roban o se piratean. Si se venden en los semáforos del Perú, estaré satisfecho. Me he dejado la piel y la vida para ser escritor sin renunciar jamás a hacer lo que me ha dado la gana. Ni nadie me lo ha puesto fácil, ni me arrepiento de nada. Si volviera a nacer, volvería a cometer los mismos errores. -¿«Pólvora negra» es más novela negra o histórica? -Es un homenaje al movimiento libertario que participa de ambos géneros. Es histórica, porque la reconstrucción es exacta y escrupulosa, pero es de género negro. Como todas mis novelas, bebe en Dassiel Hamett, Ross MacDonald, Fernando González Ledesma... La novela negra me fascina. Es lo que leo y lo que me ha formado. Así que es histórica con una base policíaca muy, muy negra. Su verdadero protagonista es un policía, el teniente Beltrán -un auténtico hijo de puta que investigará el atentado al que le faltó el luto de una uña cambiar definitivamente la historia de España- y la Chelo, una camarera que dará pistas cruciales para llegar a Mateo Morral. -¿Es un genuino producto Montero Glez? -Sí, aunque cambie de registro y no se desarrolle en la época actual, tiene mi marchamo. Entra en lo que yo mismo defino como «folclore cósmico». El estilo no es algo aparte del fondo. La historia elige cómo ha de ser contada. Si das con la forma, aciertas. En mi caso el estilo es una conquista. Está imbricado en una tradición que se remonta a Quevedo y llega a Valle-Inclán, Cela y Umbral. Todos conviven en mí y se matan a cada rato. Mi estilo es barroco. Soy barroco en mi vida y mis escritos. No soy un tipo de línea clara.