El Celta se desmorona otra vez en la segunda parte, el ascenso se convierte en una quimera y el club se asoma al abismo
03 mar 2008 . Actualizado a las 02:14 h.Ya no existen tapujos. La crisis no se puede esconder una semana más debajo de la manta. El Celta vive una situación de emergencia mayor.
El equipo ha tocado fondo, por su imagen dentro del campo, que no por positiva durante más de medio tiempo se salva por culpa de un desastroso final de partido -una vez más hubo bajón-, porque hablar de ascenso ya se puede afirmar que es una quimera, y porque por consecuencia de las dos anteriores el club está al borde de una situación de incertidumbre a cause de su delicadísima situación económica.
Media hora de pesadilla
Tras una primera parte en la que el Celta, ofensivamente, estuvo a la altura de sus mejores momentos de la temporada, la historia negativa se repitió conforme el partido se aproximó a la recta final.
Puede ser bajón físico, porque a varios jugadores se les veía con problemas para recuperar la posición o correr hacia el balón cuando tenían que ir a tapar un hueco. También puede ser una cuestión mental, que la ventaja les hiciese pensar que ya estaba todo solucionado.
Pero después de los dos errores garrafales que propiciaron el empate, pareció que si de algún lado podía caer la victoria era hacia el del Elche.
Seis puntos, un abismo
El Sporting de Gijón y la Real Sociedad le llevan seis puntos al Celta. El Elche dos. Y todos pelean con los celestes por una única plaza, porque el segundo, el Málaga, parece alcanzable por donostiarras y asturianos, pero no así por los vigueses, ya que once puntos son un mundo a solo quince jornadas del final de la competición.
Si las cuentas decían antes de esta jornada que solo se podían ceder tres derrotas y dos empates, ahora el margen es de solo dos derrotas más. Y para llegar enganchados a las diez últimas jornadas sería necesario ganar ahora cinco partidos consecutivos. Pero lo peor no son las matemáticas, sino la imagen que semana sí y semana también está ofreciendo el equipo, que no ha convencido todavía en ninguno de los nueve partidos que ha disputado este año.
Por la cabeza de Carlos Mouriño y los suyos ya empiezan a barajarse los peores presagios. Sabe que mantener a flote la nave otro año en Segunda División les obligará a recurrir a soluciones de emergencia. Más les vale activar un plan de viabilidad para una hipótesis cada vez más real.