Gil y la teoría de la autoevidencia

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

Seis en total y todos esenciales. Tanto el número como el adjetivo los eligió su autor, Xulio Gil. Lo de la cabecera es cosa de su hija Elena que, según desveló Antón Pulido, le dedicó el mejor piropo que puede recibir un artista: «Papá, no tendría inconveniente ninguno en colocar cualquiera de los retablos sobre mi cama». Desde luego, si de algo fue servido Xulio el pasado jueves fue de piropos.

El propio Pulido le dedicó algunos de cosecha propia, como que es un artesano de la fotografía capaz de hacernos descubrir lo extraordinario en las cosas ordinarias. Esta vez eligió seis de esas cosas distribuidas en las paredes del Centro Social Caixanova como si fuesen los retablos de San Marín Pinario: pan, vid, castaña, maíz, patata y olivo.

Con todo, la intervención que más sonrisas suscitó entre los presentes fue la de Domingo Docampo. Gracias al ex rector nos enteramos de que ambos eran dos gallos de pelea (matemática) que coincidieron en el mismo corral (léase instituto) aquel curso del setenta. «Hay un tipo del Calvario que es muy listo», parece que fue lo primero que le espetaron a Docampo nada más llegar al Santa Irene. Éste sacó pecho de redondelano que no había bajado nunca del sobresaliente y la rivalidad estuvo servida. «Menos mal que todo aquello trocó en amistad», explicó. Pues menos mal.

Aún coincidirían más tarde estos dos licenciados en Matemáticas, en este caso en el Obradoiro Galego de Creación Audiovisual. «Todos estábamos en el obradoiro, menos Xulio, que estaba en la creación», desveló también Docampo.

«Después de escuchar todo lo escuchado no sé si podré dormir conmigo mismo», fue lo primero que acertó a decir Xulio Gil cuando le pasaron el micrófono. Tras dar las gracias a muchos de los presentes (a Antón Sobral «por ser el padre de la criatura», a Enrique, Espada, Maximino, Bieito, Emilio, Carlos...), ofreció la clave para descubrir lo que ha querido decir con sus fotografías: «Explicaba una vez un opositor en un examen, refiriéndose a la lógica, que hay dos niveles, la evidencia y la autoevidencia; y ésta última ni se discute ni se demuestra». Moraleja, que cada uno vea lo que quiera ver porque seguro que está.

Estaba particularmente feliz Pulido en la apertura de la muestra de su amigo Xulio. Con motivo. Y es que hoy también él está de estreno, en este caso en la distancia. Cuatro pinturas suyas forman parte de una colectiva en la Jia Art Gallery, que comparte con Enriqueta Hueso, Calorina Tomás, Ana Poo y Sabela Baña. De las presentaciones se encargará el representante diplomático de España, José Luis Lamas, de Vigo según parece, y el rector de la Universidad de Taiwan. Sabores de matanza. Y no de una cualquiera. Porque si es cierto aquello que del cerdo hasta los andares, en el caso de los criados a base de bellotas en los encinares cordobeses, hasta la respiración. Justo a base de productos de éstos últimos se inician hoy unas jornadas gastronómicas en El Corte Inglés.

Fui una de las afortunadas que ayer tuvo oportunidad de catar el género o, lo que es lo mismo, de pecar mortalmente. Lo cierto es que los catadores no sabíamos a qué carta quedarnos: «este jamón está de vicio», decía uno; «pues anda que el lomo», comentaba el otro. Lo difícil es elegir qué se come y qué no, porque todo lo que hay en la carta es imposible. Desde albóndigas de ibérico a huevos rotos a la cortijera de los Pedroches, pasando por timbal de lomo, presa de jamón de bellota con torta de la Serena...

De suministrar el producto se encarga la Cooperativa de los Pedroches, nacida en 1959 cuando unos cuantos ganaderos se unieron para poder comprar un camión de trigo. Transformarlo en manjar en los fogones es cosa de José Pérez Carrera tras un par de consejos (o cuatro) de Alfredo Dueñas que, como chef del Cortijo de la abuela, uno de los establecimientos más emblemáticos de Pozoblanco, el cerdo ibérico de los Pedroches no tiene secretos para él.