Con escala previa en Buró Lolf. Iria Botana eligió tan singular espacio para presentar la colección de Alma Aguilar que, a partir de mañana, llenará buena parte de las perchas de su tienda. Fueron muchas las clientas y amigos que acudieron a la llamada de Iria para contemplar por anticipado en vivo y en directo los diseños de Alma para la nueva temporada. El atractivo añadido fue la puesta en escena.
Aunque la idea inicial, según confesaron Ana Juncos y la propia Iria era realizar un montaje teatral, en el que las actrices lucieran los trajes, al final se decantaron por suspenderlos del techo, a modo de cuadros. Así, los asistentes tuvieron (tuvimos) la oportunidad de apreciar de cerca (y hasta tocar en algún caso) las puntillas, los bordados y las aplicaciones de madera lacada, nácar y cristal.
El objetivo era conjugar moda y decoración. El escenario se prestaba a ello, así es que Gonzalo González y Ana Juncos, los diseñadores de Buró loft, aprovecharon para presentar la nueva colección de tejidos y papeles pintados de Designers Guild, inspirada en la corte de María Antonieta en Versalles.
Pese a la juventud que desborda (apenas 27 primaveras), Iria Botana tuvo muchos trabajos antes de desembarcar en el mundo de la moda, al que llegó por pura casualidad tras conocer en Londres a la diseñadora coreana que se esconde tras Arrogant Cat. «Supe que eso era lo mío, así es que regresé a España con la idea fija de abrir una tienda.
Así nació Vistiendo a Candela. «No es un sitio de masas, pero sí con mucha personalidad, tanta que no me imagino a nadie más que a mí atendiendo a los clientes». Sigue de tal forma la filosofía de Juan Palomo que cuando, no menos de cuatro veces al año, viaja a las ferias, cierra la tienda. Las fieles clientas no sólo se lo perdonan, sino que se lo agradecen, porque saben que está buscando esas piezas únicas que luego nadie más en Vigo va a lucir. Como los zapatos de Chie Mihara, creadora con sangre brasileña y japonesa a partes iguales, que fabrica su calzado en Elda. Una mezcla explosiva. Como le gusta a Iria.
Puede que el penúltimo, pero Alberto Geada es de la contada savia nueva que llega a la profesión. Lo suyo también es moda, como demostró hace unos días en el Museo de Arte Contemporáneo a propósito de la presentación de la publicación Galicia Selecta.
El acto incluyó una coreografía con zocas salidas de su taller de Alfoz (Lugo). Está empeñado Alberto en demostrar que las piezas que realiza no sólo tienen utilidad para proteger los pies del barro, sino que que pueden calzarse de la mañana a la noche, tanto en el campo como en la ciudad.
Cuando algún seguidor acérrimo de Santo Tomás ponía cara de póquer y decía aquello de si no lo veo no lo creo (que alguno había en el Marco), levantaba suavemente su pantalón vaquero y le invitaba a meter el dedo en la llaga. «Son comodísimas», apostillaba. Contaba también que necesitó muchas horas de trabajo no sólo para modelar el abedul del que están confeccionadas en una sola pieza, sino para hacer las filigranas decorativas que hizo. En total, una semana de trabajo. Así se entiende que su precio no baje de 500 euros.
Si creen que el precio es alto, qué pensarían entonces si supieran que hace unos meses pagó 9.000 euros por un par de galochas de haya que descubrió en el valle de Oscos. Falta poco, muy poco para que las grandes pasarelas (Milán, París, Nueva York...) descubran a Alberto Geada. En Barcelona ya lo han hecho, en concreto en Bread&Brutter, donde calzó a las modelos con tacones de madera de 16 centímetros. En ese caso el diseño lo puso otro gallego, Manuel Bolaño.