«Me parezco tanto a Leiro como Lamazares a Tápies»

VIGO

El artista lucense inaugura mañana en la galería PM8 una exposición en la que presenta sus últimas obras

21 feb 2008 . Actualizado a las 11:23 h.

Las esculturas de Álvaro de la Vega (Paradela, Lugo, 1954) tienen una fuerza expresiva que ha cautivado tanto a los expertos el arte como a los profanos que contemplan su obra rotunda y gestual como quien se acerca a la materia viva. El artista inaugura mañana en la galería PM8 (Calle Pablo Morillo, 8), una muestra de nuevas piezas.

-¿Hay alguna novedad respecto a la línea que sigue en los últimos años?

-No. Presento unas cuantas obras recientes y otras que están enlazadas con otras que hice años atrás, para establecer un hilo conductor con el pasado. Podríamos hablar de evolución pero la búsqueda tampoco es tan exhaustiva, ya que se trata de una muestra de obras de pequeño tamaño, excepto dos piezas grandes. Hay que limitarse a las dimensiones de la sala.

-¿La madera sigue siendo su principal vehículo de expresión?

-Sí. La madera es la columna vertebral de mi trabajo. Las piezas que presento son todas de madera, salvo la del exterior, que está hecha con hierro, hormigón y asfalto. Es un contrapunto, nada más.

-¿Qué tipo de madera utiliza y por qué?

-Me gusta la madera de plátano porque técnicamente es la que me va mejor. No le atacan fácilmente las carcomas y al secarse no se estropea, es muy estable. La puedes trabajar durante largo tiempo sin que se altere mucho en el proceso.

-Empezó haciendo cómics e ilustración, ¿no?

-¡Uy! Eso hace ya 20 años que lo dejé. Fue una vía de expresión que usé cuando estudiaba la carrera en Barcelona. Eran las herramientas expresivas que tenía más a mano. Estaba interesado por cuestiones más narrativas y con el tiempo las ideas se fueron decantando por territorios de expresión bastante opuestos, aunque en mi obra sigue habiendo dibujo y sensibilidad por lo visual. Al fin y al cabo, trabajo en el terreno de la exploración de las miradas.

-¿Ya no pinta?

-Sigo dibujando muchísimo, porque la pintura es fundamental para el arranque de todo, pero mi trabajo como escultor es muy absorbente. Te lleva muchas horas y una vez que te has pasado la tarde trabajando con el hacha no te da la energía para ponerte a pintar. Son cosas bastante incompatibles. Esto funciona por obsesiones. Intentas liberarte de ellas trabajando en una vía y mientras estás ahí, no te preocupas de otra cosa.

-¿El hacha es la principal herramienta a la hora de crear sus obras?

-También uso la sierra mecánica, pero en la parte final interviene prácticamente el hacha.

-¿Se puede hacer arte a hachazos?

-El arte se hace a hachazos, a brochazos, a patadas o con mucha suavidad. Es como la música. De ser un heavymetalero a un melódico hay una gran distancia, pero siempre se transmite algo relacionado con los sentimientos.

-Arco acaba de finalizar. ¿Qué le parecen este tipo de eventos?

-Solo llevé obra mía a Arco una vez, a través de una institución. Es importante para la promoción, pero nada más. Por no ir a Arco no se te van a secar las ideas o vas a acabar siendo una ruina como artista, no. Arco es una feria, ya lo dice su nombre. Sirve para hacer negocios y promoción, y de la promoción sale el éxito.

-¿Se siente conectado de alguna forma con la obra de Leiro?

-Sí, en los materiales y algo en la temática, pero sería una reflexión demasiado superficial, porque yo trabajo hacia otros temas y ya solo la forma de tratar la madera es absolutamente diferente. Lo que pasa es que como somos pocos los que hacemos escultura en madera, es más fácil recurrir a referentes. A mí no me molesta ni me deja de molestar que me comparen con Leiro. Sería tonto y saldría perdiendo yo. Solo que hay matizarlo mucho. Yo tengo la misma similitud con él que Lamazares con Tápies o con un impresionista.