La tarea, nada fácil, fue encomendada hace año y medio a José Gómez Alén. El encomendador, Franco Cobas, hizo el encargo en nombre de la directiva del Náutico con motivo del primer siglo de vida de la sociedad. El resultado del trabajo se presentó ayer en sociedad. Además de los ya citados protagonistas del encargo, ocupó un lugar en la tarima Corina Porro, en este caso en calidad de vicepresidenta de la Diputación, que fue la que pagó la factura.
O Real Club Náutico. Cen anos de historia de Vigo, que así se titula el libro, hace exactamente eso, un recorrido, cuajado de estaciones, por el devenir de la última centuria en la ciudad. Hace un paralelismo entre la historia de ésta y la del Náutico. No hay que olvidar, afirma el autor, que fue en lugares muy próximos a la sede del club donde se gestó el mayor movimiento migratorio de la historia gallega, con los muelles portuarios como protagonistas.
Con una cuidada edición gráfica, la publicación explica cómo surgió el germen de una primera generación de nadadores, remeros y navegantes. Eran tan pocos que todos se conocían. Franco Cobas, uno de aquellos pioneros, recuerda que algunos les consideraban excéntricos, pues los deportes del mar aún estaban muy lejos de convertirse en una actividad de masas.
Alén describe con minucioso detelle cómo se capearon los vaivenes políticos y económicos de la centenaria sociedad. De hecho, en estos momentos trata de superar uno de esos vaivenes a través de la conversión en sociedad anónima. Y los que le faltan.
De su estatua, se entiende. Con tal motivo, medio centenar de personas han firmado ya un manifiesto que se hará llegar al gobierno municipal. Creen los firmantes que este 2008 es un año estupendo para realizar el cambio, ya que se cumple el primer centenario del fallecimiento del poeta.
De la nómina de peticionarios forman parte, entre otros, Xesús Alonso Montero, Valentín Arias, Nemesio Barxa, Hixinio Beiras, Uxía Blanco, Manuel Bragado, César Cunqueiro, Xosé Diéguez Reboredo, Morris, Juan Carlos Febrero, Francisco Fernández del Riego, Xosé Luis Franco, Jaime Garrido, Gerardo González Martín, Uxío Labarta, Méndez Ferrín, Carlos Varela...
Fue la sociedad La Oliva la que, poco después del fallecimiento de Curros promovió la idea del monumento. En 1910, esto es dos años después de su muerte, se colocó la primera piedra en la plaza de Compostela. La inauguración se realizó en el transcurso de un acto multitudinario. La vinculación del poeta con la ciudad venía de antiguo. En 1877 había escrito: «Si mi desventura es tal,/ de tu sol bajo el imperio,/ ¡oh Vigo!, préstame leal/ una choza en tu arenal/ o un hoyo en tu cementerio».
Hoy es el día. Se acabo la espera. La entrega número siete de la saga ya está en las librerías. No se puede vender hasta las seis y media de la tarde, pero los libros estar, están. En la editorial Galaxia están como niños con zapatos nuevos. No es para menos. Será la primera vez que se publica al unísono en castellano y en gallego. La ocasión merece celebrarse. Y eso harán.
El sarao, según me cuenta Francisco Castro, empezará a las cinco y media de la tarde, justo sesenta minutos antes de la hora D. Habrá concurso de disfraces. Los forofos de Harry Potter (grandes y pequeños) pueden (deben) acudir vestidos de su personaje favorito. Luego habrá tertulia con intriga o, lo que es lo mismo, Carla, David y Pablo, tres fieles harripotólogos que ya han devorado las 700 páginas de Las reliquias de la muerte, irán dando pistas de por dónde van los tiros sin desvelar los intríngulis del libro. Y a las 18.25 escenificarán una cuenta atrás muy esperada para millones de personas en todo el mundo. La cita, en la Casa del Libro.
Francisco Castro, uno de los armadanzas de tan singular iniciativa, regresará al mismo escenario, su antigua casa durante tanto tiempo, el próximo día 28. Ese día no publicitará libros ajenos, sino que llegará con su flamante premio García Barros bajo el brazo, As palabras de néboa. Pero eso será la próxima semana.