Cuando Mercedes Calvo oye hablar de San Valentín se echa las manos a la cabeza. Los encargos y las prisas de última hora no le dan un respiro en su tienda de la avenida de García Barbón, Merchi Floristas. Ella, como todos los años, lo celebrará esta noche con su marido en algún restaurante «si es que hay sitio», afirma entre risas.
-¿Sigue habiendo romanticismo?
-Desde luego, las flores son muy importantes. No se pierden las viejas costumbres y algunos siempre se llevan flores, aunque solo sea una.
-¿Quién compra más, los hombres o las mujeres?
-Sobre todo los hombres, las mujeres vienen pero muy poquitas. Es una tradición un poco machista, si no fuera por ellos se perdería.
-¿Tiene clientes fieles?
-Sí. Tengo muchos clientes fieles pero porque yo también los mimo (ríe). Cuido al detalle la preparación, no les cobro las postales, les meto alguna sorpresa. Creo que la fidelidad está en dar y recibir.
-¿Qué es lo que más demandan?
-Las rosas rojas se llevan la palma. Además este año tenemos mercancía muy buena y casi nos tuvimos que pelear con los proveedores para conseguirla (ríe).
-¿Los clientes prefieren encargar o llevar el ramo puesto?
-Hay de todo, pero la mayoría prefiere encargar y que se lo lleven a casa o al trabajo. A veces alguno te pide que mañana [por hoy] a última hora se lo lleves a casa y es imposible.
-¿Cómo es para una florista el día de San Valentín?
-Pues es muy triste, no disfrutas nada estos días. Es un trabajo muy esclavo y llego muy tarde a casa. Además hago demostraciones y cursos y el tiempo se lo saco a mi familia.
-¿Cursos?
-Sí, de arte floral. Estamos en la florinata de los eventos de España. Hace dos años quedamos cuartos en la Copa de España.
-¿Es florista por vocación?
-Mi madre es florista y mi familia se dedicaba a las flores. Yo llevo 25 años en este negocio pero mi hija, de 16, no se quiere dedicar a esto, ella prefiere el diseño. En este oficio, ya no hay relevo generacional. Parece muy bonito pero es muy esclavo.
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