La hora de Ariel Rosada

La Voz

VIGO

10 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Ariel Rosada estrenará titularidad en Ipurúa. Salvo sorpresa mayúscula tres semanas después de su llegada a Vigo el mediocentro argentino recibirá la alternativa por parte del López Caro. Con fama de duro, la contienda con el Éibar -tildada por muchos de batalla- se presenta como el escenario ideal para que muestre sus credenciales al celtismo. Desde su llegada a finales de enero el bombón ha disfrutado de algunos minutos en Córdoba pero el sábado pasado no pasó del banquillo en la contienda con el Salamanca. A lo largo de toda la semana ha trabajado siempre con el teórico equipo titular y se perfila como un fijo en un once siempre proclive a alguna sorpresa. De hecho, no está demasiado claro quién será su pareja de baile. En Ipurúa el argentino con pasado reciente en el fútbol mexicano debe dar consistencia al doble pivote teniendo en cuenta las características del partido: nula transición, mucho balón dividido y segundas jugadas por doquier. O lo que es lo mismo, la necesidad de ir al choque y adelantarse al contrario, también fornido, en cada momento. Además, su estatura debe ser todo un aval para un partido abocado al juego aéreo. Si los celestes son capaces de dominar esta faceta tendrán mucho ganado. Rosada ha comentado en las últimas fechas que cada día se siente mejor en el plano físico y que se ha ido adaptando con celeridad al equipo. Hoy toca demostrarlo, aunque quizás el argentino todavía no tendrá una idea formada de lo que le aguarda en el campo armero. Uno de los problemas que puede encontrarse el argentino es que lleva dos meses sin disputar partidos oficiales (en México estaban con la pretemporada del torneo Clausura cuando se vino) y también la ansiedad por intentar ganarse el puesto en su primera comparecencia. En el Nuevo Arcángel había salido con tantas ganas que a los pocos minutos de debutar ya tenía una tarjeta amarilla encima. Cuidarse en ese sentido será primordial para un jugador que además llega al fútbol español con la etiqueta de duro. Baste como tarjeta de presentación del apodo de «carnicero» que el deportivista Guardado le recordó días después de su llegada. Así le llamaba en México, que lo está en contrapartida con el apelativo de bombón que le tocó en suerte en el fútbol argentino. Adjetivos al margen, para Ariel Rosada ha llegado su hora.