A. Castroverde Habían anunciado con insistencia una renovación tan profunda en la lista que en el PP de toda la vida llegaron a verse en la fosa Atlántica. «¿Oye, tú crees que esa consulta de los chicos de la Diputación a los alcaldes va servir para algo?», se preguntaban inquietos. Había temor a no volver a comer el turrón en el escaño, a que la grada les gritase lo que a Koeman en Valencia, mientras Louzán, eso sí, hablaba y hablaba de una especie de referendo telefónico para otorgar a los alcaldes algo así como el derecho a decidir quién iba a estar en el Congreso y en el Senado. Pero la cosa comenzó a aclararse al ser nombrada cabeza de lista Ana Pastor. Génova dejaba claro que seguía al frente de la nave y colocaba de nuevo en Pontevedra a la ex ministra, quien había tenido posibilidades de ir por Madrid. Ayer, al conocerse el resto de los nombres, se confirmó lo que ya parecía obvio. Personas próximas a Rajoy, como Dolores Pan, María Ramallo, Corina Porro o Nava Castro, se abrieron paso en la candidatura junto a Pastor, mientras los dirigentes provinciales hacían las veces de correo del zar. Cuando, a media mañana, Louzán convocó al comité electoral provincial ya eran muchos los que tenían claro que la reunión serviría, más que nada, para practicar ese viejo deporte político de escuchar al supuestamente aconsejado. En realidad, la lista, preparada ya la pasada semana, se había terminado de cocinar durante el fin de semana en Santiago. Tras la reunión de Pontevedra, el presidente provincial del PP se fue a toda prisa a Compostela para llevar servido en bandeja al staff de Alberto Núñez el aval formal de la candidatura, antes incluso de darla a conocer en la capital de la provincia o en Vigo. Además de Génova, también Santiago dejaba claros sus poderes. Javier Guerra, un empresario con experiencia de concejal durante el mandato de Corina Porro en la alcaldía, bien relacionado con Figueroa Vila, ocupa el número dos del Congreso. Dolores Pan cambia de Cámara y se va al Senado, junto a la propia Corina Porro. La renovación que prometió Louzán se ha quedado en una puñado de jubilaciones cantadas hace meses: César Mera (senador desde 1993) y Vázquez Portomeñe (tres legislaturas) y Carlos Mantilla.