En sentido figurado. Pero la abre. En su lucha constante en defensa del patrimonio, han vuelto la cara hacia Nigrán. El templo votivo del mar, una de las dos señas de identidad del municipio (la otra son las playas) ha empezado a hacer aguas. Y nunca mejor dicho, porque en cuanto caen cuatro gotas, José Diéguez Dieppa, el párroco, no da abasto a colocar calderos para evitar que las goteras conviertan la iglesia en un lago.
José Diéguez, en su peregrinar de puerta en puerta (Obispado, Concello, Xunta...) en petición de auxilio, no se olvidó de los Amigos de los Pazos. Un nutrido grupo de socios, con la junta directiva al frente, realizó ayer una detenida visita al templo. «Es el primer paso de los muchos que estamos dispuestos a dar», afirmaba Juan Manuel López Chaves, que ya anticipó que la tarea no va a ser fácil.
La dificultad viene dada, a su juicio, primero porque hay que buscar dinero, y no poco, y segundo porque tendrán que intervenir diversas instituciones. «Estamos hablando de un símbolo de Nigrán, así es que el Concello no se puede quedar al margen; pero es que se trata de un edificio catalogado, así es que también tienen mucho que decir Cultura y Patrimonio». Amén del Obispado, claro.
Éste último ya le ha dicho al párroco que está dispuesto a colaborar en la medida de sus posibilidades. Como primera providencia ha encargado un estudio a los arquitectos Francisco Castro y Pedro Alonso para conocer el alcance del problema en toda su extensión.
Dicho informe viene a corroborar lo ya sabido, que Antonio Palacios, que firmó en su día el proyecto del templo, inaugurado el 31 de octubre de 1937, puso más esmero en la fachada que en la recogida de aguas. La falta de canalones, gárgolas o similares hace que aquélla corra a sus anchas por los muros, pero la piedra que la recubre nada tiene que ver con los bloques de los templos medievales.
A mayor abundamiento, el hormigón empleado en las vidrieras no parece de mucha calidad. Hay zonas en las que se ha desprendido y se han caído los cristales... En fin, que ha llegado la hora de ponerse manos a la obra antes de que ocurran males mayores.
En esa campaña que ayer inició la cuenta atrás para salvar la construcción, no es poco importante el apartado sentimental. Han sido y son muchos los huérfanos, hijos de marineros, que han pasado por el internado anexo. El viernes sin ir más lejos recibía el párroco desde Nueva Jersey la llamada de la viuda de uno de ellos, que acababa de fallecer víctima de un accidente. La mujer le explicaba a Diéguez Dieppa que su marido comentaba siempre lo mucho que le gustaría que cuando muriera trajeran a Panxón sus cenizas y le oficiasen un funeral en el templo votivo, tan ligado a su infancia. El próximo mes de marzo se cumplirá el deseo.
O, lo que es lo mismo, a Nazario González (1934-1995). Parafraseando a Quevedo bien podría decirse que este vigués de Sárdoma fue un hombre pegado a una gaita. Valladares volvió a recordar ayer a este músico autodidacta con el concurso que lleva su nombre. Participaron ocho grupos llegados de distintos puntos de Galicia.
Solo había una pieza obligatoria, O San Campio é noso, que fue justo la que Moxenas dedicó a Valladares y que simboliza el encuentro, que reunió a un centenar de personas en el auditorio.