El armador Javier Castro acumula más de cuatro décadas de experiencia directa en el mar. Su barco, O Galopín, ha sido el primero de la entidad que además preside, Asociación Empresarial de Espaderos Guardeses, en llegar a puerto este mes después de cuatro meses en el Atlántico Sur.
Con él, los catorce miembros de su tripulación y todos, con la vista puesta esta vez, en las noticias que vengan desde tierra. Ha sido, «efectivamente la llegada a puerto más agridulce, estamos contentos por el regreso pero no sabemos si vamos a poder volver a salir», manifestaba ayer. De hecho, añadía, «estoy desencantado y no sé qué hacer, salir al mar así es difícil, pero quedarse también, en todo caso, lo que asuma Cepesca es vinculante para cualquier decisión, tenemos que confiar porque no hay otra salida».
Los números no fallan y, los pescadores ven las dos caras de la moneda. «El precio del producto llegó a estar aún más bajo hace doce años, cuando rondaba los 2,40 euros, el problema es el desfase histórico entre esta cotización y el incremento, no sólo del gasóleo sino también de los víveres y los pertrechos», explica, ya que «entonces preparar un barco para salir al mar costaba 60.000 euros y, ahora 300.000».
«Debemos luchar porque la pesca sí es rentable, con que el precio del producto fuera de 5,50 en vez de 3,50 ya nos podríamos defender, y creo que hay margen para ello, las grandes superficies lo venden a precios altísimos», resalta el patrón.
Hasta entonces, señala Javier Castro, «es imposible aguantar la situación con estos gastos y los precios de antaño, hemos ido capeando todas las situaciones todo este tiempo, pero ahora sólo hay pérdidas».