Las obras de construcción del edificio, que ocupará el solar situado en la esquina entre las calles García Olloqui, Victoria y Carral, siguen paradas debido a un nuevo hallazgo arqueológico. Debajo de la cimentación de un edificio perteneciente a finales del siglo XIX, ya detectado hace algunas semanas, han aparecido nuevos vestigios de una casa que los arqueólogos han situado cronológicamente entre el siglo XVI y XVII. La Dirección Xeral de Patrimonio Cultural está estudiando el valor arqueológico del nuevo hallazgo, aunque en principio no parece ser demasiado importante desde el punto de vista arqueológico. Si este extremo se confirma, el organismo dependiente de la Consellería de Cultura dará luz verde en los próximos días a la continuación de la obra de construcción del edificio. La liberación del terreno de la cautela arqueológica se producirá una vez que los expertos hayan desmontado los restos hallados en el solar, para una posterior documentación. A expensas del informe definitivo, la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural impondrá a los promotores de la obra la obligación de mantener un control arqueológico sobre los trabajos posteriores. Así, un arqueólogo deberá estar pendiente de cualquier aparición de restos históricos en el solar. Los expertos han centrado su interés en los restos correspondientes al siglo XIX. Algunas fuentes consultadas por este periódico señalan la posibilidad de que el edificio del siglo XIX podría corresponderse con la antigua aduana de la ciudad de Vigo. Esta afirmación está basada en fotografías de la época que daban esta ubicación aproximada al mencionado edificio. La estructura apareció a unos cuatro metros de profundidad respecto a la alameda, y justo delante de una gran roca viva que, en el pasado, marcaba la línea de costa. Este solar sufrió varias modificaciones a lo largo de la historia. Hasta 1870, se situaba en la misma línea de costa, ya que el mar se adentraba hasta la acera sur de la plaza de Compostela. El relleno promovido por el industrial García Olloqui, en el último cuarto del siglo XIX, facilitó el primer ensanche de la ciudad, y la creación de la actual alameda de la plaza de Compostela. En los trabajos de relleno de esta zona, se emplearon parte de las piedras de la muralla de la ciudad, derribada en 1869. Se da la circunstancia de que el edificio en donde aparecieron los restos históricos, podría alcanzar en pocos meses el récord de precio de la vivienda en la ciudad, con pisos que establecerán la plusmarca de entre 7.000 y 7.500 euros el metro útil. Estos valores máximos se corresponden con los áticos de mejores vistas panorámicas. Toda esta parte de la ciudad está incluida en la zona de cautela arqueológica, que obliga a realizar controles cada vez que se toca el subsuelo para realizar cualquier obra.