Dos ferias en la postguerra viguesa

Gerardo González Martín

VIGO

Primero la industria y luego la pesca iniciaron los certámenes en la ciudad

04 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

En 1944 y 1945, Vigo, la ciudad más pujante de Galicia, pero que tardaría en torno a una década en superar demográficamente a la urbe coruñesa, celebró sendos certámenes feriales. Aquellas muestras de la pesca, la industria y el comercio tuvieron cierto éxito pero no continuidad. Quizá no volvieron a celebrarse porque no nacieron en el seno de la sociedad sino en las entrañas del poder omnímodo que tenían por entonces las instituciones franquistas.

A finales de agosto de 1944, la prensa española anunciaba que «el Caudillo presidió en Vigo la inauguración de la Exposición Industrial de Galicia». Acontecimiento que no aparece reflejado en general en los libros de historia viguesa, y cuando se recoge, como en el caso de «Tierra de Fragoso», de José Espinosa, figura datado el 27 de agosto de 1943, un año antes de lo que fue en realidad. Precisamente a petición de la casa civil del jefe del Estado se había aplazado la inauguración.

Aquel certamen recibió el nombre del milagro de los cuarenta días, en alusión al tiempo que medió entre la idea y su plasmación, tiempo que fue ligeramente superior al expresado, sin que por ello dejara de constituir un increíble récord.

Frustración

Desde el sector pesquero se mostraba una cierta frustración porque el certamen no se hubiera dedicado a aquella actividad. Don Paco Fernández del Riego, que por entonces firmaba con el seudónimo Alevín en la revista Industria Conservera , apuntaba que el poderío económico de la pesca debía hacerse notar en el certamen. Al mes siguiente, en julio de 1944, la misma publicación anunciaba que la Unión de Fabricantes de Conservas de Galicia había encargado el stand de mayor superficie que se podría visitar en el certamen.

La muestra se situó en los jardines de Eijo Garay, junto a lo que por entonces y hasta hace poco era sede de la Comandancia de Marina. Las obras de la exposición le costaron al ayuntamiento casi 600.000 pesetas, una fortuna para entonces, y estuvieron bajo la dirección de Fernando Molíns, arquitecto, y del técnico de jardines Luciano Turc, uno de los dos profesionales del mismo nombre, padre e hijo, que sirvieron durante mucho tiempo al municipio.

La feria fue algo parecido a lo que es hoy Vigomostra, es decir una muestra abigarrada, en la que se encontraba una variedad importante de artículos. Los organizadores tuvieron el buen gusto de embellecer el recinto con la colaboración de artistas venidos de fuera y también con algunas obras de los pintores Laxeiro y Lugrís y del escultor Oliveira. Según la prensa de la época, la iniciativa de hacer la feria fue del gobernador Jenaro Riestra, trasaladado a poco de concluir el certamen, y de Luis Suárez Llanos, el inolvidable alcalde de Vigo. La Cámara de Comercio, organismo fiable frente a las exageraciones de la prensa, contabilizó 250.000 visitantes.

Pesca

Con el impulso de aquel certamen, el delegado provincial de Sindicatos suscitó formalmente la celebración de la Feria de Pesca en 1945, y se llevó adelante. Cierto que fue un certamen con cierta categoría, pero no tanto como para conseguir en paralelo el objetivo que se marcaron los vigueses de lograr la Universidad del Mar. Instituciones educativas más o menos semejantes han sido aspiración de Vigo muchas veces.

Cabía destacar también el stand de la Diputación, organismo que presentó el museo del mar, preparado por José Fillgueira Valverde y los hermanos Massó, entre otros, y que mereció el calificativo de «castillo encantado del certamen».

En este caso la feria se celebró en el Berbés, en un recinto de unos 24.000 metros cuadrados, de los que poco más de 9.000 eran cubiertos. La celebración en paralelo del Congreso le dio dimensión nacional a la feria. Algún viguista de pro, como Tomás Pérez Lorente, se planteó la continuidad del certamen, dividida España en dos: una gran feria mediterránea en Barcelona y la atlántica en Vigo. Sueño irrealizable.