El Celta dio por fin el golpe encima de la mesa que le hacía falta para reivindicarse, no sólo por nombre, sino por juego y resultados, como candidato al ascenso. La victoria de ayer en El Molinón debe suponer el punto de inflexión para asomarse a los puestos de cabeza.
El triunfo llegó por el camino más corto, sin florituras, como se consiguen la mayoría de las victorias en Segunda División, con un juego práctico. El equipo de López Caro no tuvo las lagunas de anteriores citas y mantuvo el orden defensivo hasta el último minuto. El gol de Okkas llegó en una jugada de libro al contragolpe. No hizo falta mucho más. La clave estaba en incomodar al Sporting y en imponer una identidad de juego cada vez más clara con el nuevo técnico.
La idea inicial de los celestes fue presionar fuertemente la salida de la pelota de los asturianos, donde les crearon problemas provocando bastantes pérdidas. Pero cuando el Sporting conseguía superar esa primera línea de presión, la zaga viguesa encontró muchas dificultades para frenar a los atacantes locales.
Así llegó la primera acción polémica del encuentro, al no ver Pino Zamorano un penalti de Contreras sobre Barral, que se metía solo en el área tras una buena pared con Diego Castro que empezó a dejar claras las carencias de la defensa céltica.
La respuesta llegó en el único contragolpe claro realizado por el Celta en toda la primera mitad, con un centro de Adrián desde la izquierda que consiguió rematar Okkas obligando a Roberto a lucir sus condiciones como portero menos goleado de la categoría.
Batuta
La batuta del encuentro la portaban los rojiblancos, con la paciencia que les permite su privilegiada situada clasificatoria a la espera de encontrar la oportunidad de profundizar.
Cada vez que conseguían que el balón llegase a las botas de Diego Castro, Kike Mateo o Barral era para echarse a temblar. El Pichichi de Segunda fue un incordio para los defensas con sus continuos movimientos y en un envío largo consiguió deshacerse de Lequi y enviar un buen pase a Kike Mateo que acabó rematando algo desviado. A Contreras se le notaba descolocado, dejando en evidencia que la decisión de López Caro de ponerle en el equipo titular había sido muy arriesgada.
La velocidad con y sin balón de los gijoneses desarbolaba por momentos a un Celta que hasta la media hora de encuentro no consiguió sacudirse un poco el dominio rival.
Los vigueses no supieron aprovechar el Talón de Aquiles que ayer tenía el Sporting al improvisar un doble pivote con jugadores poco rodados debido a las bajas de Míchel y Matabuena. Sus sustitutos, Andreu y sobre todo Marcos Landeira, cometieron algunas imprecisiones que el Celta desaprovechó a pesar de presentarse en las cercanías del área con superioridad de efectivos.
Diego Costa no consiguió desequilibrar ayer como en anteriores citad, mientras que Jorge estaba más preocupado de atender a las instrucciones de López de Caro de mantener el orden defensivo que de hacer lo que mejor sabe, distribuir juego.
En la segunda parte había más miedo a perder que intención de ganar, sobre todo en el bando céltico. El Sporting siguió acosando a ráfagas, pero se encontró con un Celta que si en algo ha ganado con el cambio de técnico, es en su capacidad para mantener el orden defensivo. Lequi se sintió cada vez más seguro y ya empieza a dar el rendimiento de sus mejores días.
Entrada providencial
Fue providencial la entrada en el cambio de Mario Suárez por Adrián. Jorge quedó más liberado de sus funciones y así llegó su primer pase magistral hacia el desmarque de Okkas para que el griego adelantase al Celta.
La misión única desde ese momento fue impedir que un día más se escapase el botín. Los asturianos echaron el resto, pero más con corazón que con cabeza. En ningún momento dieron la sensación de poder evitar el triunfo de un equipo celeste muy coordenado en sus movimientos y que incluso pudo haber aumentado su ventaja en el marcador final.