La capacidad de reacción y efectividad de los miembros del Grumir de Nigrán quedó ayer patente en el simulacro de emergencias que realizaron en el Concello
06 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Tres cuartos de hora. Ése es el tiempo que tardaron los efectivos del Grupo Municipal de Intervención Rápida de Nigrán en atender un accidente de tráfico con excarcelación, otro con el agravante añadido de un incendio y el rescate de un operario lesionado en lo alto de un edificio. Y todo ello, bajo la atenta mirada de un nutrido grupo de vecinos que descargó una generosa dosis de adrenalina durante la sesión.
Por suerte se trataba de un simulacro, pero la ficción no está tan lejos de la realidad. De hecho, los ejercicios diseñados para que las últimas incorporaciones del grupo completaran su formación teórico práctica se idearon en relación a la memoria de actuaciones de la unidad y son el tipo de emergencias más común en su ámbito geográfico.
Prueba superada con éxito y, aunque la rapidez también era puntuable, no hubiera entrado en el capítulo de méritos si el dispositivo no hubiera sido eficaz. Con la parte teórica cubierta, los efectivos pasaron ayer con nota, y, además bajo la atención de un implacable jurado, todas las situaciones de riesgo. Tras la valla, el público, que, por otra parte y, al ver actuar a los expertos, también interiorizó por qué lo mejor que puede hacer la ciudadanía ante un accidente es no intervenir, alertar al servicio del 112 y evitar así nuevos potenciales riesgos para las víctimas.
El simulacro permitió también que los vecinos conocieran de primera mano el trabajo del grupo, aunque los efectivos ya tenían mucho camino andado tras años de servicio y dedicación a la comarca. La primera sirena de alarma llegaba poco después del mediodía tras la alerta de S.O.S. Galicia que informaba de un tráfico con una persona atrapada en el interior del vehículo. Y, minutos después el camión de la agrupación. Todos los recursos humanos y materiales se emplearon a fondo, romper cristales, pinchar ruedas, calzar vehículo, cortar chapa para acceder a la víctima, evaluar su situación y evacuarla.
Después llegó el «y aún más difícil». El vehículo siniestrado se incendia, entonces hay que colocar equipos respiratorios y apagar las llamas con agua y espuma. De nuevo salta la alarma. En esta ocasión se trata de un peón accidentado en lo alto de un edificio al que hay que evacuar. El realismo del operativo mantuvo en vilo al público. Minutos de tenso silencio mientras los efectivos trabajaban a varios metros de altura que sólo rompió el aplauso de los vecinos y de los niños de un colegio cercano cuando el trabajador fue rescatado, ya en tierra.
A la una acabaron las prácticas. Su trabajo continúa, 24 horas al día, 365 días al año.