Cuatro aves cruzan todos los días un paso de cebra para salir a pasear
21 sep 2007 . Actualizado a las 11:47 h.Los patos de Manuel Quintas Vergara, el ferreiro de Sabarís, están muy bien educados. Todas las tardes salen a dar un paseo a la marisma del Miñor y lo hacen cruzando la carretera a través del paso de peatones.
Las cuatro aves se asoman al vial y miran a ambos lados. Sólo cuando ven que no viene ningún coche, o cuando observan que éstos se han parado para cederles el paso, se deciden a continuar su camino.
Tanto el ferreiro como su mujer, Adelina, están asombrados con las costumbres tan humanas de sus animales. Reconocen que no les han enseñado ninguna lección de urbanidad, que por sí solos han aprendido a reconocer que la forma más segura de pasar al otro lado es sobre las marcas viales que hay pintadas en la carretera.
Cada tarde realizan el mismo recorrido porque les encanta pasar las horas en el estuario del río Miñor.
Tal vez confraternizan con miembros de su misma especie, que llegan a este espacio que es una reserva de aves migratorias de especial interés.
La mayoría de las veces pasan toda la noche de juerga y sólo se animan a volver cuando ven que empieza a subir la marea y les aprieta un poco el hambre. Así, vuelven por donde han venido, hasta llegar al paso de cebra, y cruzar tan campantes hasta su hogar, mientras Manuel Quintas Vergara los mira absorto, mientras esculpe sus figuras de piedra en la puerta de la casa. «Son inteligentes estos bichos, seguro que más que alguno que va haciendo el loco por la carretera», piensa este personaje de Sabarís, que estos días convierte un trozo de granito en la imagen de un santo que en la mano no lleva una cruz, sino un balón, en honor a Nolete, un alcalde futbolista que hubo en Baiona.