La secuela de «Gritos en el pasillo». Seguro que se acuerdan de la terrorífica (?) y multipremiada película estrenada al unísono en los festivales de Cans (ya saben, el del agroglamur) y Cannes (el del glamur a secas). Aquella espeluznante historia de terror protagonizada por cacahuetes y salida de la imaginación de Juanjo Ramírez, hizo saltar otro resorte imaginativo, en este caso en las mentes de José Antonio González y Alberto Benavides.
Aprovechando que Irish Monk's, la cervecería que el primero regenta en O Porriño, es uno de los locales que, desde el principio, se ha sumado a la movida del Festival de Cans, y aprovechando también que el proyecto de Juanjo les había dejado sin habla, idearon un concurso basado en la aterradora cinta. El objetivo era demostrar que la creatividad, como el campo, no tiene puertas, y que los cacahuetes podían convertirse en una materia prima tan buena como otra cualquiera a la hora de modelar personajes.
La respuesta no pudo ser mejor. Hasta cuarenta trabajos se presentaron al concurso. No, en absoluto lo tuvo fácil el jurado, del que formaban parte, además del propio Juanjo Ramírez, Tatán, integrante de Tanxarina Teatro, y el dibujante de cómics Mauro Entrialgo. Al final fue Rocío Grandal y sus figuras de Frankenstein y Morticia las que se llevaron el gato al agua.
Otros finalistas para los que también hubo premio fueron Rebeca García, Lía Rodríguez Puertas, Susana Noa y Damián Lago. Todos ellos se vieron las caras el pasado fin de semana en el Iris con motivo de la entrega de galardones. Si hemos de hacer caso a José Antonio González, esto no ha hecho más que empezar. Hay concurso para rato.
Feliz mortal. Empresario de fuera de Galicia para más señas. Y amante de la mar océana. ¡Ah! y multimillonario. Es todo lo que sabemos sobre la identidad del propietario del Samurai One, el megayate de 43 metros de eslora botado ayer en la ría. Bueno, en Astilleros MCíes y en Astondoa saben más, pero se lo callan. Secreto profesional. El primero se ha encargado de la arquitectura naval, en tanto el diseño interior es obra de la firma alicantina.
A lo que no les obliga el secreto es a contar que estamos ante uno de los barcos mejor preparados tecnológicamnete y con mayor calidad de Europa. Hasta que dentro de bien poco el enigmático empresario se lo lleve a los mares del Sur (de España), se nos pueden poner los dientes largos contemplando los paseos que hace desde Teis hasta Cíes y viceversa. Pues que lo disfrute. El desconocido empresario, digo.
Aprender a valorar lo que tenemos. Es una asignatura que nos falla con demasiada frecuencia. Estamos tan acostumbrados a vivir rodeados de rincones paradisíacos que no siempre los apreciamos en lo que valen. Tienen que venir de fuera, a veces desde bien lejos, para descubrirnos lo que tenemos a diario delante de las narices.
Eso hizo un buen día Gavin McOwan, periodista de la sección de viajes de The Guardian que situó a las Cíes en el mapa de vacaciones de los ingleses. Sí, es aquel que, después de pasarse unos días de asueto por estos lares, les contó a sus lectores que si querían bañarse en la mejor playa del mundo tendrían que hacerlo en Rodas.
En The Independent no quisieron ser menos y se lanzaron a descubrirnos. Para que no les acusaran de copiar, decidieron centrarse en las cosasa del comer. Así fue como se plantó por aquí un buen día Claudia Roden, firma habitual en el dominical de viajes del citado periódico, amén de autora de varios libros sobre cocina de lugares tan dispares como Oriente Medio, Italia...
Ahora prepara uno sobre cocina española. Estaría por apostar que, después del recorrido gastronómico que se ha marcado por las Rías Baixas, la cocina típica de éstas va a ocupar un importante capítulo. Según me cuenta Octavio Rodríguez, que algún día hizo de Cicerone, Claudia lo probó todo. Creo que llegó a chuparse los dedos en estéreo. Lo dicho, a ver si aprendemos a querernos un poco más de lo que nos queremos.