Medio siglo dando la nota. La buena. La coral Casablanca no podía pasar por alto celebración tan redonda como las Bodas de Oro. Tampoco podían elegir como epicentro de esa celebración nada mejor que la música. Es lo suyo como quedó patente en el más que especial concierto de anoche en Castrelos. Seguro que no fue la primera vez que actúan ante tanto público, pero pocas o ninguna tan entregado. La ocasión lo merecía.
Quedó claro que acertaron de plano a la hora de decantarse por temas, todos bien conocidos, que han formado parte de la historia de los últimos 50 años. Acierto aún mayor fue contar, en este caso con imágines, qué pasaba en Vigo el año en que Sinatra sacó al mercado My way, o aquel otro en que Serrat compuso Mediterráneo, elegida hace bien poco la mejor canción española del último medio siglo.
En las filas de la coral hay al menos media docena de integrantes que han estado prácticamente desde el principio, a los que el resto de compañeros, acordaron nombrar componentes de honor. Son ellos Domingo Fernández, Modesto Pazó, Julio García, José Cid, Balbino Riobó y Vicente Ramil. Sus nombres, al igual que el de los tres directores que ha tenido la formación (García del Val, Rey Rivero y Óscar Vidal), fuguran en el libro de testimonios que han editado a propósito de la efémeride.
Entre otros, pueden leerse los de Fernández del Riego, Roberto Relova, Alberto Comesaña, Josefina Meneses, Fernández Albor... Con distintas palabras, todos vienen a recordar que la coral Casablanca ha formado y forma parte de sus vidas.
No todo va a ser entrenar. Acabo de darme cuenta de que esta sección lleva unos días especialmente futbolera. Pura coincidencia. Prometo enmendarme. El caso es que David Vidal, ese enfant terrible que entrena al Elche, eligió el Balneario de Mondariz para la famosa pretemporada, lo cual nos ha permitido ser testigos de algunos episodios de esa terribilidad (perro ladrador...), pero también de todo lo contrario.
El jueves, por ejemplo, permitió a los jugadores comer a la carta. No se lo podían creer. Fajardo, Cachorro, Tarantino, Calderón... miraban a uno y otro lado en busca de la cámara oculta. No había tal. De lo que se trataba era de celebrar un cumpleaños, precisamente el del entrenador. En total 57 veranos. Tal vez por eso su teléfono no paraba de sonar.
La troupe ilicitana dará el lunes por finalizada su estancia en Galicia. Si los planes no se tuercen, tienen previsto, como fin de fiesta, comer el domingo en una bodega de O Rosal, además de repetir ese circuito mágico del Balneario a base de burbujas, chorros, masajes... ¡Qué envidia! Visto lo visto y, sorbe todo, disfrutado lo disfrutado, estaría por apostar que esta no va a ser la última pretemporada del Elche por tierras de O Condado.
Portadores. Los que aún no saben si les gustará repetir o no son Díaz del Río y Antonio Martiño. Sobre todo porque hasta mañana no vivirán la experiencia que les han encomendado, respectivamente, la cofradía del Cristo y el Concello. El primero portará el estandarte, en tanto el segundo, en su calidad de concejal más joven, tiene la encomienda de hacer lo propio con el pendón de la ciudad. Menos mal que el hombre del tiempo anuncia un descenso de temperatura, porque entre el sol de justicia, las cuatro horas de procesión y los casi cinco kilos que pesa...