Tan bien se encuentran Paula Rubio y Colate Vallejo Nájera por estos lares que, después del aguado concierto vigués de la rubia mexicana, la pareja remoloneó cuanto pudo antes de volver a casa, cosa que hicieron anoche. La culpa la tuvieron, a partes iguales, los amigos y las expertas manos de los terapeutas varios del balneario de A Toxa. Me aseguran que Pau se lo pidió casi todo: baños de burbujas, chorros, masajes... A cuerpo de reina relajada. Me aseguran también que en tanta procura de relax no ha tenido nada que ver un hipotético embarazo, más que nada porque, de momento, no es más que eso, una hipótesis como tantas otras que han corrido (tequila incluido) fruto de la imaginación de algún productor. Lo que sí está confirmado es el interés de Paulina por actuar en Vigo. Si de ella dependiera, y con la aquiescencia del hombre del tiempo, lo hubiera hecho ayer o incluso hoy. En realidad parece que llegó a proponerlo, pero no pudo ser porque Castrelos estaba ocupado. Mientras el Concello y los representantes de la cantante encuentran y no (que casi seguro que va a ser lo del no) una fecha que les venga bien a todos, Paulina y Colate levantaban ayer cierto revuelo en Peinador, desde donde volaron a Madrid a primera hora de la noche. El encargado de acercarlos al aeropuerto desde A Toxa fue su amigo Gerardo Lorenzo. Ya que Mahoma no pudo venir a la montaña... Y es que estaba previsto que el domingo, al finalizar el concierto, el matrimonio terminara la noche en el Dux, el local de marcha que acaba de abrir Lorenzo en la calle Pontevedra. Como, finalmente, no hubo concierto, tampoco hubo fiesta privada. Lo que sí habrá fijo será una nueva visita de Pau a Galicia, en este caso gastronómica. Y es que se quedó con ganas de tomar percebes. Se los han prometido de antología. Faltaría más. En realidad, uno de ellos. Eso fue lo que hizo ayer Manuel Mariño. El comisario tiene ya un pie en la Policía y el otro en el Celta donde, a partir del próximo primero de agosto, fecha en la que pasa a segunda actividad (que es la forma que tienen de llamar a la prejubilación en el cuerpo) se ganará los garbanzos como jefe de seguridad de las distintas instalaciones deportivas. Ejercieron de cicerones Carmen Avendaño y Carlos Mouriño, con los que se marcó un paseo por el césped del campo de A Madroa (es lo que se llama estar sobre el terreno) a propósito de la presentación en sociedad del nuevo Celta B.