Reportaje | La danza de los esclavos negros El brasileño Ramón Xavier Soares imparte clases a sesenta personas que están cautivadas por una danza que mezcla el baile, la música y los golpes
02 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.La capoeira no es un baile como la lambada o la samba, ni un cóctel como la caipiriña, aunque también procede de Brasil y allí es lo que más se practica después del fútbol. Se trata de la lucha negra que está presente en lo cotidiano, en los terreiros , en los morros , en las chabolas, las calles y plazas. Tiene su origen en África y acompañó a los negros cuando los barcos los vomitaban como esclavos en las costas de América, como escribió el escritor Rómulo Gallegos. A Brasil la llevaron los angoleños que embarcaron los portugueses. En Vigo ya son sesenta personas, sobre todo, jóvenes, los que practican capoeira, bajo las instrucciones del brasileño Ramón Xavier Soares, quien la ha importando de su país. La define como una lucha camuflada con el baile que utilizaban los esclavos negros en la época colonial brasileña para defenderse. Estuvo prohibida, por el temor de que fuese utilizada contra los negreros. «Fue entonces cuando utilizaron su propia cultura, como el baile, para camuflar la lucha, y la crearon para defenderse de la opresión a la que estaban sometidos. Hoy día, la calificamos como afrobrasileña», afirma Soares, que ya la practicaba desde los 10 años, junto con sus otros cuatro hermanos (también tiene una hermana). Considera que desde entonces ha evolucionado para mejor, porque han perfeccionado los métodos de entrenamiento, graduaciones, uniforme y todo lo que tiene que ver con la competición, aunque en Europa aún no es un deporte federado, todo lo contrario de lo que sucede en Brasil. La capoeira, como arte, en cuanto a forma de expresión corporal, posee un lenguaje en que cada gesto significa y representa ideas, sentimientos, emociones y sensaciones. De importación En Brasil es un deporte nacional, pero en Galicia se conoce muy poco. Ramón cuenta que cuando llegó a España hace cuatro años estuvo una temporada en A Coruña y fue donde le hicieron algunas ofertas para traerla a Vigo. Sin embargo, en la ciudad olívica ya había algunas personas que hacían capoeira, pero no ofrecían el perfil profesional que se buscaba. Fue, a partir de ese momento, cuando Ramón Xavier Soares comenzó en un gimnasio a impartir sus entrenamientos y, después de tres años, ya se le ha quedado pequeño, porque el número de practicantes ha ido en aumento. Son ya sesenta personas y ha tenido que hacer tres grupos, además de utilizar otros tres gimnasios más, ante la demanda creciente. Tiene llegado a dar clases a grupos de hasta cincuenta personas, dependiendo de las dimensiones de la sala. Lo normal es que trabaje con veinte o quince por grupo, pero nunca en solitario. Abunda la juventud, desde los 20 a los 35 años, pero también cuenta con algunos niños y personas que ya tienen 40 años y, en menor cuantía, de 50 años. Este joven brasileño, que procede del Estado de Goiás (interior de Brasil), señala que cada persona es la que impone su propio límite en la capoeira. «Cada cual busca lo que mejor le convenga, porque también está el complemento de la música y los instrumentos», explicó. Se practica, sobre todo, por diversión y también para estar con los amigos, porque lo propicia el hecho de trabajar en grupo, lo que le confiere un aspecto de sociabilidad. En cuanto a la música, uno de los principales instrumentos que se utiliza es el berimbau (instrumento de cuerda), además del atabaque (un tambor grande de percusión) y el pandeiro (como la pandereta de la samba). La capoeira tiene música, ritmo, patadas, ataque, defensa. Es una mezcla de todo ello, lo que justifica que se precise de un grupo de personas para ejecutarla o escenificarla.