Más de 400 mujeres (y un par de hombres para confirmar la excepción) se dieron cita ayer en la plaza do Rei. Es una de la muchas que celebran al año en distintos puntos de España, pero la novedad de ésta es que es la primera que se hace en Vigo. La respuesta no pudo ser mejor. La mayoría de las participantes fueron gallegas, pero también llegaron desde León, Extremadura, País Vasco, Cataluña... El motor de la iniciativa fue Amelia Durán. Antigua profesora de la Escuela de Artes y Oficios, por sus clases han pasado centenares de alumnas (y algún alumno). Con muchas de ellas seguía reuniéndose cada semana. No querían perder el contacto. Así fue como nació la asociación Arte e filigrana. Y así fue también como maduraron la idea de convertir a Vigo en capital del encaje por un día. El Concello habilitó una carpa, pero se quedó pequeña para albergar a todas las participantes, que terminaron por tomar también la lonja. Y entre uno y otro escenario, un pequeño enjambre de puestos de venta. Pero no de encajes, sino de material para fabricarlos. Así fue como aprendí que los mejores palillos (boixet dicen los catalanes) son los de madera de boj o cerezo (a dos euros la pieza), aunque para empezar valen los de raíz de olivo o los de encina. Aprendí también que una buena almohadilla no tiene más secreto que rellenarla de paja de centeno (la paja no oxida los alfileres). Puede recurrirse a la espuma, pero no es ni parecido. El capítulo de hilos es cuestión de gustos, pero un carrete de 25 gramos de algodón cuesta nueve euros. Por todo ello, pero sobre todo por las horas de trabajo que necesita una pieza, por pequeña que sea, el encaje de bolillos no tiene precio. Cuenta Amelia Durán que casi ninguna trabaja por dinero. No vendemos lo que hacemos, lo regalamos. Sirva como ejemplo la flor que lucía en la solapa. Aparentemente sencilla, escondía diez horas de trabajo. De una maestra. Pero no todas eran expertas, también había muchas novatas. Como Juana Loyarte, una abuela de 80 años que descubrió los palillos hace cinco meses. «Tanto me gusta, que no hago otra cosa. A veces me olvido de hacer las tareas de la casa. Paso horas y horas delante de la almohadilla». Vive en San Pelayo de Navia y asiste a clases en Alcabre. Casi al mismo tiempo que Juana, en este caso en Pontevedra, descubrió los palillos Ramón Villaverde. Empezó imitando a su tía Pilar y en poco tiempo ha demostrado grandes actitudes para este arte, amén de que se ha revelado como una terapia estupenda para la hiperactividad que padece. Ayer tía y sobrino compartieron encuentro. Por cierto que la primera trabajaba con 70 pequeñas joyas. Sus palillos, de excelente madera de boj, esconden más de cien años de historia. Los rescató su hijo, albañil de profesión, de los escombros de una casona que estaba restaurando. Seguro que el que lo tiró no sabía lo que tiraba. Los católicos de todo el mundo celebran hoy la jornada mundial a favor de las comunicaciones sociales. Me recuerda el amigo Alberto Cuevas que fue el Concilio Vaticano II el que la instauró hace 41 años. Me recuerda también, supongo que por la parte que me toca, que pretende despertar el sentido de responsabilidad en el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación, tanto por parte de los profesionales como de los usuarios de los medios. En la parroquia de La Soledad (que es la de Cuevas), se pedirá hoy especialmente por los profesionales de la comunicación en la misa de 12. Se agradece.