Reportaje | El día después de las procesiones de Semana Santa Los costaleros y costaleras proceden a desmontar todos los pasos y guardan las ropas en la sedes de la cofradías para restaurarlas si hace falta y tenerlas siempre en buen uso
08 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.No se trata de desnudar un santo para vestir a otro. Una vez que terminan las procesiones de Semana Santa los mismos costaleros que portaron los pasos proceden a desmontarlos con el mismo cariño y fervor religioso con que los presentaron en el desfile. Imágenes, ropas y carros se guardan para cuando vuelva a ser menester utilizarlos. El paso del Calvario, que representa las tres cruces y la Virgen de la Magdalena llorando, es sólo cosa de mujeres. Pertenece a la Cofradía Nuestro Padre Jesús del Silencio y Virgen de la Amargura, pero desde hace seis años son costaleras quienes lo llevan en la procesión. Dicen que les costó convencer a los hombres para que cediesen a esta pretensión, hasta que lo consiguieron. «Había que adaptarse a los nuevos tiempos y menos mal que a nosotras no nos sucedió como con algunas hermandades sevillanas, que se siguen oponiendo a que las mujeres lleven un paso», explica Teresa Lombao. Podrían formar un equipo de fútbol femenino, aunque en la cuadrilla de las costaleras no hay suplentes que valgan. La titularidad para llevar el paso se gana a pulso en cada procesión. El carro puede llegar a pesar dos toneladas y no se admiten bajas de última hora. Una costalera que falte, de las doce necesarias, puede arruinar la preparación de todo un año para la procesión. Incluso si una se pone enferma en el día señalado y tiene que ser sustituida por otra, pierde la titularidad en favor de la elegida y lo va a tener muy crudo para recuperarla. Son las normas, al igual que se niegan a que cualquier hombre las ayude a empujar el carro. Ni siquiera se lo permitieron hace tres años cuando se le pinchó una rueda y tuvieron que llevarlo a pulso. Peor sería con la lluvia, les hubiese impedido salir. Teresa Lombao fue una de las que acudió el día después de la procesión para ayudar a desmontar el carro que portaba el paso del Calvario. Tuvo lugar en el patio del colegio Niño Jesús de Praga. Las imágenes retornarán a la iglesia Santiago de Vigo y los carros se guardarán detrás de la misma, mientras que las ropas quedarán en un piso que tiene la cofradía en la calle Rogelio Abalde. La costaleras que llevaron el paso del Calvario el día de Viernes Santo suelen ir ataviadas con un vestido blanco, que tiene un peto verde, y recogido con un cinturón. No usan capucha, sino que van con el rostro al descubierto. Teresa Lombao se muestra satisfecha por la participación que ha tenido el pueblo de Vigo en las procesiones, aunque espera que en los próximos años aumente el número de personas.