La Mirilla
30 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Mal sabía el suizo Walter Knapp cuando se le encendió la bombilla de la Cow Parade, ese invento que consiste en llenar plazas y calles de ciudades de medio mundo con vacas de fibra de vidrio pintadas con todos los colores del arco iris, que en Vigo la idea tendría variantes. Dulces variantes. De chocolate para más señas. Cándido Durán es un pastelero que, cada año desde hace ocho, se estruja las meninges junto con su equipo para idear una mona de pascua gigante que haga las delicias (primero visuales y luego gastronómicas) de sus clientes. En cada nueva edición se fijan un objetivo mayor. No sé qué harán el próximo, porque el de éste ya es muy grande. Pero mucho, mucho. En concreto una vaca de metro y medio de alto por dos metros y medio de largo y 400 kilos de peso (200 de chocolate y otros tantos de azúcar). Amén de la estructura metálica que sustenta al animal. La vaca Margarita, que así la han bautizado por iniciativa de Jesús Veiga (más que el maestro, el artista pastelero) ocupa desde ayer un lugar de privilegio en la panadería-pastelería El Trigal (Alexandre Bóveda, 1). Cándido Durán explica, con cierta ironía que, cual si de un cuadrúpedo pastando en el campo se tratara, van a tener que nombrar pastor. Con vara de mimbre y todo, por aquello de evitar a los visitantes la tentación de meter el dedo. La tradición de El Trigal marca que la macromona se trocee cada año el domingo de Pascua. Esta vez romperán esa tradición, ya que la vaca de chocolate no se hará añicos hasta el 14 de abril, con el fin de que la rotura coincida con el pistoletazo de salida de la Cow Parade. Cada uno de los trocitos se entregará a los potenciales clientes a cambio de la voluntad. El dinero que, voluntad a voluntad, se recaude se entregará en el Concello para que, a su vez, se lo haga llegar a la ONG que estime oportuna. A Cándido Durán y a su mujer, Margarita Fernández, les gustaría que este su particular granito de chocolate se destinara a los niños pobres de la ciudad. Dicen que si hubiera más peticiones de colaboración que trozos de vaca, añadirán el chocolate que haga falta. Ante una decisión tan generosa, se impone colaborar. Sí. Se cumplen este año diez de la muerte del pianista catalán. Con tal motivo, Imaxina Sons, el Festival Internacional de Jazz de Vigo, ha incluido en su programación un concierto homenaje al músico que hizo del jazz su vida. Y con tal motivo también viajó ayer a Vigo Montserrat García-Albea, su viuda, que recibió de manos de Corina Porro una placa conmemorativa. Montserrat agradeció el detalle, sobre todo, dijo, por insólito, «ya que todos sabemos lo frágil que suele ser la memoria». Añadió que Tete, que ofreció en Vigo uno de sus últimos conciertos (tal vez el último), se sentiría particularmente a gusto en un escenario como el de Imaxina Sons, cuyo objetivo es dar cancha a músicos de este lado del Atlántico para demostrar que no hay que vivir en Estados Unidos para ser un virtuoso del jazz. Recordó la viuda de Tete que éste tuvo que vivir fuera de su querida Cataluña mucho tiempo porque no se le daba cancha. Por lo que cuentan las personas que estaban más cerca del músico, no le dolía tanto el alejamiento como que éste implicara no poder ir al Camp Nou cada vez que jugaba el Barcelona, del que era el forofo número uno. Dos a lo sumo. Tete creía a pies juntillas en el Barça, en lo que no creía, según se recoge en la entrevista que concedió a La Voz a propósito de aquel su último concierto en Vigo, era «en el jazz mediterráneo, ni en el jazz flamenco ni en el café con anchoas». Mas bien de comprobar si funcionan los amuletos. Si el Celta no es capaz de meter más balones en la portería de Iker Casillas, que el Real Madrid en la de Pinto, ya no se podrá echar la culpa a las meigas o a eso que llaman el mal de ojo. Los aficionados han respondido con creces al S.O.S. lanzado desde la casa celeste. Han aparecido en las oficinas del club con los objetos más peregrinos. Desde un disco que, según su propietario, cada vez que se escucha actúa de varita mágica, hasta dos tréboles de cuatro hojas, al parecer uno de ellos llegado desde el lejano Brasil, pasando por figuras de brujas, de búhos, estampitas de santos varios... Vamos, que de la colaboración supersticiosera no podrán quejarse. Lo único que no pueden hacer los aficionados es bajar al césped a correr, fintar, regatear o chutar. Eso tendrán que hacerlo los jugadores. Es su trabajo.