Entrenados para lo peor a bordo

La Voz L.C.S. | VIGO

VIGO

XOÁN CARLOS GIL

Los 21 tripulantes de un arrastrero congelador vigués protagonizaron un ejercicio de preparación ante situaciones de riesgo mar adentro y en condiciones adversas del tiempo

09 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Cómo debería responder la tripulación de un pesquero de altura ante tres focos de fuego simultáneos en la nave; cómo debería organizarse el equipo antiincendios; de qué manera se valoran los daños y las posibilidades de sofocar las llamas para evitar un incendio generalizado y el posterior naufragio del barco. A estas tres preguntas trataron de responder ayer los 21 marineros del congelador vigués Fakir , propiedad de la empresa Freiremar, en el muelle de Beiramar, y los técnicos de la empresa Continua-Recursos Humanos y Organización, en colaboración con CC. OO., UGT, la Cooperativa de Armadores y la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales. Los ejercicios prácticos se basaron en cuatro simulacros de incendio a bordo en los que se trabajó con el factor sorpresa para observar la reacción de los tripulantes y su grado de respuesta en condiciones adversas. José Barbosa, técnico de lucha contraincendios y marino profesional, fue el encargado de coordinar esta acción formativa. El ejercicio se inició con la simulación de humo en dos o tres zonas distintas al mismo tiempo; por ejemplo, en los camarotes y la bodega, con el fin de comprobar la reacción de la tripulación ante una emergencia de estas características. El humo fue simulado con botes y las llamas con lámparas de destellos. El objetivo de este ejercicio fue comprobar la destreza de la tripulación y estudiar sus deficiencias y proponer después los cambios necesarios según señaló este experto. También se comprobó la eficacia del material contra incendios del buque para informar al armador de posibles carencias o necesidades. Con posterioridad, se realizaron tres ejercicios más de simulación de fuego con desprendimiento de humo en otros puntos del buque, como en un pañol de pintura, en la cámara de máquinas o entre la cámara de máquinas y la proa del barco. En todos los casos, el objetivo es que la tripulación del barco se organice de forma adecuada para poder combatir el fuego. Durante estos ejercicios, los marineros se enfrentaron a llamas simuladas, incremento de humo en toda la zona, puertas cerradas con candados y cadenas, recipientes de amoníaco que simularon ráfagas de fuego, petardos y un sensor que se enciende automáticamente ante el aumento de la temperatura e indica que un incendio inicialmente apagado ha vuelto a reavivarse. El último ejercicio consistió en la simulación de un incendio a bordo y la necesidad de abandonar el barco ante la imposibilidad de sofocarlo. Esta última práctica incluía un simulacro «de hombre al agua», aunque se evitó este extremo dadas las condiciones del puerto de Vigo. Tras los ejercicios prácticos, se desarrolló una fase de evaluación de resultados, para analizar las respuestas obtenidas. La experiencia concluyó con la elaboración de un informe en el que se valora el nivel y capacitación de la tripulación y si es necesario introducir mejoras.