Denuncian el grave deterioro de los pisos sociales de A Doblada

VIGO

Desprendimientos y rotura de cañerías en tres edificios de O Calvario El tráfico de drogas a pequeña escala sigue empozoñando la convivencia en la zona

20 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Mientras las torres del PAU de Navia crecen majestuosas, otras viviendas sociales, las del Calvario, sufren desprendimientos de fachadas, problemas de humedades y rotura de cañerías -con las inundaciones consiguientes- y su entorno es una auténtico criadero de ratas. Los vecinos de la manzana de la rotonda de Gregorio Espino denuncian esta situación lamentable y piden que se reparen sus pisos. Los afectados son 78 viviendas sociales en tres bloques de edificios: el número 47 de Gregorio Espino; el 43 de la misma calle y el número 1 de la calle Pega. En la primera torre hay 32 pisos, en la segunda, 24 y en la tercera, 22. Estas viviendas se hicieron durante el gobierno municipal dirigido por Manuel Soto. Las torres las inició una constructora particular, pero no pudo acabarlas, así que la Xunta las asumió y terminó su construcción. Los inmuebles se construyeron en el año 1984, pero se entregaron tres años después. En los edificios fueron alojadas familias de etnia gitana, personas con problemas de discapacidad, y propietarios de fincas que fueron expropiados. Patrullas vecinales Desde su entrega hace veinte años no se han llevado a cabo obras de reparación. La consecuencia ha sido un progresivo deterioro, que se ha manifestado en graves inundaciones en los bajos. La mueblería Areas, por ejemplo, ha sufrido cuantiosos pérididas por este motivo. El candidato de la formación Vigo de Esquerda, Xavier Moreda, ha recogido las reivindicaciones vecinales. «La Xunta y el Ayuntamiento deben adecentar esta zona» y recuperarla porque no se trata sólo de decorar el centro de la ciudad», sentencia Moreda. Las torres han sufrido avatares. Algunos traficantes de droga se establecieron en los pisos compartiendo escalera con inocentes vecinos y la situación se volvió conflictiva durante los años 90, especialmente en el año 1995. «Entonces había a lo largo de la calle 200 mafiosos circulando» comenta el propietario de un negocio de la zona. La situación ha cambiado, aunque todavía se sigue produciendo la venta de drogas en algún punto. El panorama cambió debido a la presión de buena parte del vecindario que, durante nueve meses, montó patrullas para impedir la venta de drogas y ahuyentar a los compradores. Ahora la calma es relativa. A finales de diciembre se produjo una pelea callejera entre clanes después de una boda. Algunos residentes del barrio se quejan de que algunos vecinos de la zona gozan de cierta impunidad a la hora de infringir las normas de seguridad. «Si dejo mi coche mal aparcado en zona prohibida a la media hora tengo la grúa llevándoselo. En cambio algunos estacionan sus furgonetas donde quieren y durante mucho tiempo y no les pasa nada».