Entrevista | Camino Gefaell Recogió su primer hongo con apenas dos años y afirma que desde entonces ha seguido la máxima que le enseñó su padre, no comer jamás un ejemplar que ofrezca dudas
23 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?eredó de su padre _«como buen austríaco del Tirol»_ la pasión por el monte, cuyos secretos empezó a descubrir desde muy niña a base de instructivas y lúdicas caminatas de fin de semana. Camino Gefaell asegura que apenas contaba dos años cuando descubrió y recolectó su primera seta debajo de un castaño. Después vendrían miles de ellas más. Fruto de tanta experiencia a pie de obra, el mundo de los hongos guarda pocos secretos para esta mujer que, desde hace medio año, ocupa la presidencia de A Zarrota, la asociación micológica más antigua de Galicia. -Tristemente, los envenenamientos han convertido este año a las setas en noticia de primera página. ¿Mala suerte o ignorancia? -Una mezcla de ignorancia y de temeridad. Existe una máxima no escrita que dice que cuando un ejemplar ofrezca la más mínima duda, no debe de consumirse. Es una regla sencilla, pero muy efectiva. No hay que olvidar que el precio que podemos pagar es la propia vida. Si sólo conocemos cuatro especies comestibles, cojámos sólo esas cuatro, pero no corramos riesgos. Más vale regresar a casa con media docena de ejemplares que con la cesta llena pero con la posibilidad de que se haya colado uno venenoso. Los experimentos que los hagan los biólogos en los laboratorios. -¿Galicia es rica en setas? -Muy rica. -¿De cuántas especies estamos hablando? -Es difícil dar un número porque no se ha terminado de clasificarlas y se siguen descubriendo variedades específicas, pero tenemos alrededor de mil tipos. -¿Cuántas de ellas son comestibles? -Para el gran público no más de 80 ó 90. Y que sea comestible no significa que se coman todas porque, de la misma manera que algunas son particularmente sabrosas, hay otras que no saben a nada. -¿Cuál es su favorita? -Tengo muchas, pero tal vez la Amanita rubescens y la Cantharellus tubaeformis. -¿Cree que está aún por descubrir el valor de las setas? -En todos los sentidos, no sólo en el comercial, aunque estemos hablando de cientos y cientos de millones de euros. Como farmacia no tienen precio, pero es que desde el punto de vista medioambiental son un lujo al que las administraciones siguen dando la espalda de un modo escandaloso. Las asociaciones estamos hartas de explicárselo, pero nos miran como si les habláramos del sexo de los ángeles. -¿Qué es lo que les dicen? -Les dedicmos que potenciar la producción y recolección de setas es como ganar el gordo de la lotería todas las semanas. Que los bosques estarían limpios, que se evitarían la práctica todalidad de los incendios, que habría vida en ellos y no estarían muertos como ahora ocurre con la mayoría. No hay nada más triste que entrar un bosque de eucaliptos (agualitros les llamo yo porque secan toda posible vía de agua subterránea), y no escuchar el canto de un pájaro. Que no haya pájaros en los eucaliptales tendría que hacernos reflexionar. Les decimos también que se miren en espejos próximos, como el norte de Italia, Las Landas francesas, Suiza o los países bálticos, Rumanía, Bulgaria... Todos tienen en común una cosa, han descubierto que mimar los montes tiene premio. -¿Hasta qué punto? -Pues hasta el punto de que en esos lugares es el gobierno el que regula la recolección. Algo parecido a lo que ocurre aquí con el marisqueo. Estipulan las cantidades que pueden cogerse y quién puede hacerlo. Viven de eso. -¿Aquí también se podría vivir de eso? -Muy bien. De hecho ya hay gente que lo hace. Y no hablo sólo de empresas, sino de particulares. Son muchos los paisanos que han descubierto la gallina de los huevos de oro. Hay especies que se pagan hasta 36 euros el kilo. Como a tantas cosas, llegaremos tarde, pero confío en que lleguemos.