Con sabor y vistas a la ría

La Voz

VIGO

Estarán de acuerdo conmigo en que, de entre todos los chutes posibles, es el mejor. La única pega es que, por razones que están en la mente de todos, resulta imposible engancharse. Por eso, es particulamente atractivia la iniciativa del restaurante Puesto Piloto, que ha organizado unas jornadas populares del marisco. No se pierda de vista el adjetivo popular y todo lo que ello conlleva. Una estupenda pista es la acepción cuarta con la que el diccionario define el adjetivo en cuestión: «que está al alcance de los menos dotados económicamente». Parece que fue ayer, pero acaban de cumplirse ya tres años desde que el tándem formado por Manolo Vila y Maribel Faro se embarcó aquel 23 de octubre del 2003 en el arriesgado proyecto de devolver al Puesto Piloto su antiguo esplendor. Reconocen que, precisamente fruto del peso de la historia del establecimiento, los comienzos resultaron duros, por no hablar de la distancia que separa (y no me refiero a los kilómetros) a la hostelería de cierto nivel madrileña, que fue en la que se curtió Vila durante dos décadas, de la también de cierto nivel gallega. Una vez superado el reto, han decidido dar un paso más. Las jornadas que hoy se inician suponen un punto y seguido en el camino. Pretenden convertirlas en un referente gasatronómico obligado cada primera quincena de noviembre. Después de lo visto y, sobre todo, de lo saboreado, que cuenten con una servidora. Digo lo de saboreado porque, aunque empiezan hoy, un grupo privilegiado de periodistas tuvimos la oportunidad de asistir el lunes a lo que en teatro llaman un ensayo general con todo, del que algunos salimos sin palabras. Les cuento, para que vayan abriendo boca, lo que van a encontrar en el menú: tosta de jamón y tetilla, empanadas variadas, salmón en escabeche, ostras, vieira, camarones, centollo, cigalas y nécoras. Cuando crees que todo ha acabado, es cuando llega el lomo de ternera gallega con saltieado de verduras. Y luego los postres, y luego el café, los melindres y los licores; y luego, luego una buena sobremesa y, a ser posible, un paseo a la orilla del mar, que para eso está a tiro de piedra. Avisados quedan de lo bueno que está todo y de que el precio es asequible. Al menos desde hoy hasta el sábado. Luego no valen las lamentaciones. Pues eso.