Reportaje | El cuestionado futuro de un edificio público Algún marinero se ha quejado de que una «nena» le ha robado mientras dormía en la hospedería, un albergue situado en un recinto con un polémico destino
04 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«Una nena entrou na habitación e roboume», cuenta un marinero usuario de la hospedería de la Casa del Mar, un edifico con un incierto destino. Aunque en la Casa del Mar hay eficientes guardias de seguridad, en momentos de densa circulación de personas, alguna prostituta de las que pulula por la inmediaciones ha conseguido subir a las habitaciones y pasar la noche con un marinero ávido de carne después de tanto pescado. Tener una mujer en cada puerto la ha costado la cartera a más de uno. Pero estos casos, que hoy por hoy son anecdóticos, se pueden convertir en frecuentes, según José Manuel Tobío, de la CIG Mar, si se consuma la conversión del centro en un albergue para indigentes y transeúntes, tal como ha prometido la Vicepresidencia de Igualdade. Tobío siempre ha mostrado su preocupación por el centro. Las atribuciones de la Casa del Mar han ido disminuyendo. En el ambulatorio había especialistas que prestaban atención sanitaria a los trabajadores que estaban bajo el régimen del Instituto Social de la Marina. Hace diez años toda la atención sanitaria especializada de la Casa del Mar pasó a llevarse a cabo en la clínica Povisa, gracias a que el Sergas amplió el concierto del hospital privado, que comenzó así a atender a otras 25.000 personas. Hoy día, en toda la provincia, hay unos 18.000 trabajadores pertenecientes al ISM. Los pescadores estaban entonces mejor atendidos que la población general puesto que sus listas de espera sólo eran de mes y medio y empezaron a tener que agardar más de medio año para que les viese el facultativo. Hoy las esperas para un especialista siguen siendo muy largas. La CIG criticó en su día esta pérdida de calidad asistencial y, ahora, miembros del sindicato también se suman a las criticas formuladas por la federación Aproar y otras organizaciones de familiares de marineros para las cuales la hospedería de la Casa del Mar presta un servicio fundamental tal como está configurada. Ciudad de paso La hospedería de la Casa del Mar fue traspasada a la Xunta a través del Real Decreto 373/1999, de 5 de marzo. En virtud de este traspaso la Vicepresidencia de Igualdade, de la que depende la hospedería, ha decidido convertir parte de las instalaciones en alojamiento para personas sin techo. La nacionalista María Xesús Lago, secretaria xeral de Benestar Social, considera importante que el ámbito público acometa esta actuación que ha sido demandada desde hace tiempo por muchas organizaciones sociales. Lugar de paso La benignidad del clima de Vigo y su situación cercana a la frontera con Portugal la han convertido en un lugar de paso de numerosos transeúntes. Muchos de ellos se refugian bajo pérgolas o edificios abandonados. Pero las constructoras optan por colocar vigilantes o vallarlos. Con la llegada del frío se hace más acuciante la necesidad de un refugio estable. En esto están de acuerdo los trabajadores de la Casa del mar, los marineros y sus familiares y sindicatos. Pero discrepan sobre la ubicación en el edificio de Beiramar. Cristina de Castro, presidenta de la Federación Aproar considera que Vicepresidencia debería buscar un emplazamiento más adecuado. Lo mismo piensan los trabajadores del centro y José Manuel Tobío, de la CIG del Mar, que propone el edificio de Aduanas como lugar adecuado. Tobío considera que «con la prostitución que hay alrededor de la casa del mar éste no es un lugar adecuado para un albergue de indigentes. Hay que tener en cuenta que por las mañanas acuden al centro madres con su niños y no es de recibo que médicos y pacientes, incluidos menores se crucen con personas que vienen bebidas o drogadas». Precisamente la ley seca que impone la Misión del Silencio es la que hace que muchos transeúntes no quiera ir a este refugio privado situado detrás de la Casa del Mar. Por la noche, la puerta de entrada de la Misión del Silencio se abre de nueve menos cinco a nueve de la noche y no se puede salir del recinto hasta las ocho de la mañana. Con ese estricto horario se evitan muchas broncas nocturnas. El albergue para indigentes previsto por la Xunta tendrá 30 plazas y de momento están en marcha las obras de modernizaciones de varias habitaciones de la actual hospedería. Las han dotados de parqué flotante y han remozado los cuartos de baño. Ahora el ISM pretende remozar la fachada del edificio, obras en las que se invertirá cerca de 800.000 euros.