Las vendedoras denuncian que el Ayuntamiento «no les dio razones» para no renovar las licencias.
01 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«Este es el último Día de Difuntos en el que podemos vender las flores aquí a las puertas del Pereiró», comenta con cierto aire de resignación Fernando, nieto de una de las pioneras en este tipo de puestos a la entrada del camposanto municipal. El motivo para que desde la plaza del Rey no se renueve la concesión a las floristas ya no lo tiene tan claro. «El Concello no nos ha dado una explicación concisa de por qué no podíamos seguir aquí. Posiblemente sea porque no hemos reformado las instalaciones convenientemente, pero nadie nos dijo nada», y añade que «la familia de mi abuela Trudel fue la que inauguró esta actividad allá por el 1900 cuando entró en funcionamiento este cementerio». Es la quinta generación que se dedica a este negocio y que fue iniciado por la tatarabuela de este joven que cuando no trabaja de vigilante de seguridad en la Zona Franca, se dedica «a echar una mano a mi familia». Eso sí, con la sudadera del Celta con el número 35. «Pertenecía al entrenador Fernando Vázquez y fue mi padre quién me la consiguió». La medida adoptada por el Gobierno local afectará en total a cuatro centros de venta, que desde siempre han preparado todo tipo de ramos para un día tan señalado como el de ayer. Pese al varapalo, esta familia de origen alemán, no permaneció con los brazos cruzados. Quieren seguir desarrollando el trabajo que vienen haciendo desde hace más de cien años: vender flores. Para ello, adquirieron un local situado enfrente de Emorvisa. En el rótulo se puede leer Trudel Waidele, en honor a una abuela que continúa al pié del cañón con una sonrisa eterna en la mejilla. El objetivo, seguir atendiendo a los miles de vigueses que tienen en este día un recuerdo especial para sus seres queridos, «y además emplazado en un lugar estratégico», comenta Fernando. Por lo demás, las cosas pintan oros. «Las ventas hoy están siendo buenas y el tiempo soleado acompaña». Sin embargo, su semblante cambia cuando se habla de la concesión. «Son muchos años aquí y ahora tenemos que dejar este lugar».