Reportaje | Comienza el curso para los estudiantes extranjeros La Universidad dio ayer la bienvenida a más alumnos foráneos que nunca, aunque la diversidad dificultó el entendimiento en el acto celebrado en la Facultad de Traducción
04 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?a facultad de Traducción se disfrazó ayer de torre de Babel. Lógico. No podía ser otro el lugar elegido por la Universidad de Vigo para dar oficialmente la bienvenida al grupo de estudiantes extranjeros más nutrido de la cortísima historia del campus universitario vigués. Esta vez llegaron 372 alumnos, más que suficientes para llenar el salón de actos de una facultad que ve cómo cada año el grupo de foráneos engorda un 30%. Se multiplican así los acentos. Ayer el ambiente sonaba a regardes, andiamos y hellos. No faltaban ni los holas, ni los dankes, ni los pregos. Tampoco eran escasas las caras de incomprensión y las sonrisas de cortesía de quien no entiende, aunque lo que más abundaban eran los grupos nacionales: cada uno con los suyos y todos entreverados, como en una pequeña ONU, pero tratando de entenderse. Sin éxito. Porque la bienvenida en castellano no es fácil de cazar para alumnos que acaban de aterrizar en España. Y la complicación se convierte en barrera insuperable cuando el saludo fluye a través de una megafonía con ronquera, que difunde un mensaje bilingüe. Un rato castellano, otro gallego, y todo el tiempo una constante, susurrada en una veintena de idiomas, de garganta de finlandés a oído de polaca, y de labios de francesa a oreja de griego: «¿Qué ha dicho?». Y lo peor de todo es que dijeron muchas cosas, aunque casi nadie las entendiese: que habrá fiesta de bienvenida el 18 de octubre; que se organizarán excursiones gratuitas a Valença, Baiona, Santiago o A Coruña; que hay media docena de opciones y niveles distintos para aprender castellano y gallego, y que Vigo tiene unas instalaciones deportivas fantásticas, por mucho que parezca lo contrario cuando se presentan en carteles escritos en un inglés que respeta poco la ortografía de la lengua de Shakespeare. De ahí que a la salida del acto, los nuevos erasmus de Vigo ofreciesen un extraño conglomerado de sensaciones: todos elogiaban el recibimiento y la amabilidad de quienes trabajan para la Universidad, aunque matizaban los halagos con un buen puñado de pegas, la mayoría de ellas idiomáticas. «No sé muy bien qué hacíamos aquí hoy, porque no he entendido nada, aunque supongo que será lo mismo que me dijeron los de la oficina internacional cuando llegué, que se portaron genial», explica una estudiante inglesa de 21 años. A su lado, dos checas, Vendula y Linda, cuentan que están en Galicia porque pidieron España y no les dejaron elegir ciudad: «Llevamos tres semanas y lo peor es el tiempo, que no está muy bien, pero la ciudad nos gusta mucho, es muy divertida». Aludían las dos a uno de los principales momentos de encuentro de los estudiantes foráneos: la noche y sus fiestas. Lo ratificaba Morgane, criada en el noroeste de Francia, que asegura que se siente como en casa. «La ciudad me encanta. Hay muchas cosas que hacer y la gente te trata muy bien», apuntaba en un perfecto castellano, idioma convertido en lengua común de una torre de Babel sin traductores.