Memoria de Vigo Vedrines, aviador francés de prestigio, voló en 1911 sobre Vigo, a 80 kilómetros hora
06 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Hay espacios predestinados. Por ejemplo, el actual Centro Cultural Caixanova, siempre con vocación teatral, donde ha habido a lo largo de la historia más de un coliseo. Es también el caso de los baldíos de Balaídos, que si a partir de 1928 acogieron el estadio que conocemos, recibieron antes a otros deportes. Allí acudían los ciclistas, a finales del XIX, y años más tarde, en 1911, conocieron la instalación en el lugar de un hangar provisional, porque un celebrado acróbata del aire iba a sobrevolar el cielo vigués. El vuelo vino precedido del anuncio de otra exhibición semejante, que no se llegó a celebrar. Cuando se señalizó el aeródromo, de 105 metros de ancho y 500 de largo, llevaba algún tiempo la ciudad en pie de guerra y todavía se boicoteaban los actos del gobernador de la provincia, al que se consideraba culpable de haber favorecido a Pontevedra y perjudicado a Vigo en aquel contencioso. Finalmente, Vigo había conseguido que volara aquí, en septiembre de 1911, Jules Vedrines, un aviador francés de mucho prestigio, que llegaba además con la aureola de su reciente triunfo en el raid París-Madrid. El acróbata traía un aeroplano Morane, y con él voló dos días, 22 y 24 del citado mes. Se aseguró que en su recorrido había sido contemplado por 60.000 espectadores, muchos más que habitantes tenía Vigo por entonces. Claro que había que sumar los de poblaciones limítrofes, tanto los que le vieron sin necesidad de moverse de su residencia como los que se trasladaron hasta nuestra ciudad, para contemplar al héroe del aire de cerca. Realmente no fue un vuelo sino varios, alguno muy breve, el más largo de apenas 20 minutos. Volaba a 80 kilómetros por hora, aunque el aparato alcanzaba hasta 130 de media. Hacía su exhibición a una altura ligeramente por debajo de los 200 metros, pero disfrutó en varias ocasiones bajando mucho más, con la consiguiente emoc¡ón, que en muchos casos sería miedo, de los espectadores asombrados. El aviador confesó que había reído mucho ante la reacción un tanto asustadiza del público que seguía sus acrobacias. Además de las innumerables fotografías que se hicieron de Jules Vedrines y de su aparato, José Gil Gil, el introductor de la cinematografía en el sur de Galicia, rodó unas breves películas y las proyectó en el Pinacho, un cine de la época que tenía un empresaario tuerto a la vez que bastante hábil para los negocios. El año anterior, por vez primera, Gil y Pinacho hicieron el negocio dando a conocer cortos en los que aparecían los vigueses en las fiestas. Naturalmente, el hecho de contemplarse en la pantalla por vez primera, hizo que muchos cientos de ciudadanos acudieran al cine. Sin duda con más interés incluso que para ver las acrobacias aéreas del francés. Aquellos vuelos de septiembre de 1911 en Vigo se inscriben en el período en que en toda Galicia había excepcional interés por estas exhibiciones. Rivalizaban en las fiestas por traer al mejor aviador. El de Vigo, Vedrines, aun lo puede contemplar quien lo desee en su paseo aéreo por esta ciudad. Las fotos están en la revista Vida Gallega, muy poco después de celebrarse el espectáculo.