Reportaje | Nomenclatura urbana Los habitantes de Vigo han bautizado muchas zonas de la ciudad al margen de la toponimia original o de las leyes tradicionales de conformación de nombres de lugares
23 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Varios cientos de jóvenes acudieron anoche al botellón de la Estrella. ¿La Estrella? ¿Es que esa mujer volvió a organizar una fiesta? No, antes de la ejecución del proyecto Abrir Vigo al Mar, la plaza, que se encuentra ante el edificio de la Autoridad Portuaria, tenía una enorme estrella en el suelo, conformada por azulejos. El mosaico se perdió pero el nombre sobrevive por voluntad popular y se ha hecho un hueco en el callejero vigués. Este ejemplo se repite en muchos topónimos que se mantienen en el lenguaje de los vigueses. Pero este sistema de denominación de lugares no tiene nada que ver con la conformación de la toponimia tradicional. «Los verdaderos topónimos son los que establecen una relación entre el hombre y la tierra, y hoy en día ya no existe esta forma de conformar nombres», explica Gerardo Sacau, experto en toponimia y director del Instituto de Estudios Vigueses. Sin embargo, a veces se produce un bucle nominal, tal como ocurre con el nombre de A Pedra. Donde se encuentra hoy en día la internacionalmente conocida zona de tiendas hubo una gran roca, que se podía ver todavía en la década de los años cuarenta de la pasada centuria. Cuando se urbanizó toda aquella zona, recibió el nombre de plaza de Villavicencio, el gobernador militar que rindió Vigo a los franceses en 1809. El nombre oficial no llegó a cuajar entre los vigueses, que tercamente siguieron con lo de la piedra, y hoy en día es su denominación oficial. A veces, infraestructuras del pasado logran colarse en el mapa lingüístico de los vigueses y vencer así el paso del tiempo. El ejemplo más importante es el de A Porta do Sol, la puerta que abría la ciudad al Este y que desapareció en la segunda mitad del siglo XIX, pero que sigue denominando al kilómetro cero de Vigo. Algo similar ocurre con la Calzada, denominación del arranque de Sanjurjo Badía que hacía referencia a la carretera que enlazaba la puerta de A Gamboa con Redondela. O Calvario, sin árboles Por otro lado, el callejero vigués cuenta con numerosos ejemplos de calles que lograron perpetuar la visión paisajística existente con anterioridad al crecimiento urbanístico. El Areal es quizá el más claro ejemplo de esta categoría y evidentemente recuerda la enorme playa que todavía hoy estudian los expertos cada vez que rascan el subsuelo. El barrio de O Calvario no recibe su nombre por ninguna relación con el lugar donde murió Cristo, aunque es empinado como aquel. Esta denominación recuerda al monte pelado que seguramente era esta zona antes de que se poblara de casas. Es un topónimo clásico que se repite en toda España. Más allá de las calles o zonas, los vigueses también manejan una serie de nombres que sobreviven a su significado real. En este aspecto es especialmente significativo el caso de la concatedral, o iglesia de Santa María, pero ya no colegiata. El colegio desapareció hace muchos años y con el la denominación oficial, pero nuevamente aquí el vigués se muestra tremendamente apegado a esa denominación. Quizá este carácter no fue tenido en cuenta por Caixanova cuando decidieron cambiar el nombre al teatro García Barbón por la denominación de la entidad financiera. Es igual, salvo en los medios públicos, el resto de la ciudad sigue recordando al gran benefactor. Algo parecido le ocurre a la estación de ferrocarriles, que tampoco se le llama ya estación de Renfe. Oficialmente se denomina estación de ADIF, que es la empresaresponsable de estas infraestructuras, pero creo que tardará en ser asimilado este nombre por el colectivo vigués. En algunos barrios aún se mantienen denominaciones de zonas que recuerdan las fincas que allí hubo, como Bella Vista, en Sanjurjo Badía, o Vista Alegre, en García Barbón.