Crónica | Volta a Galicia
10 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Los treinta y cinco veleros que participaron en la edición de este año de la Volta a Galicia culminaron sus doce días de navegación no competitiva en el puerto deportivo de Moaña. Hubo fiesta, con música, sardinas, mejillones, empanadas y vino y hubo, sobre todo, la satisfacción de completar una travesía que este año se hizo más complicada de lo habitual por el fuerte viento del nordeste y por el humo de los incendios que cubrió el mar. Los aproximadamente 250 tripulantes que hicieron la Volta, desde Ribadeo o sólo parcialmente, fueron recibidos por la corporación moañesa y la directiva del club Moaña Mar, que gestiona el puerto deportivo moañés. Es la primera vez que la Volta llega a Moaña. Hasta ahora, el final de la travesía había sido Cangas. El Moaña Mar puso todo su empeño en quedar bien. De alguna forma, fue el bautismo de su puerto deportivo, al que todavía le falta la cafetería y algunos servicios, como la grúa que permitirá utilizar la explanada que se va a destinar a marina seca. La Asociación de Mulleres de Moaña se encargó de la comida. Poco antes de las ocho, cuando todavía estaban llegando los últimos barcos, se empezaron a hacer las brasas para asar las sardinas que acompañaron al mejillón y la empanada, menú del que dieron buena cuenta los tripulantes en largas mesas corridas. El gaiteiro moañés Iván Costa fue el primero en subir al pequeño escenario montado al aire libre. Interpretó varios de los temas del disco que sacó recientemente al mercado, «Avrego». El fin de fiesta lo puso el basileño Renato Spencer con su grupo, Café Caxaca.