Reportaje | Vigozoo presenta sus actividades de verano El recinto, como todas las temporadas estivales, amplia su programación intentando acercar a los niños todo tipo de conocimientos sobre las diferentes especies animales
08 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«La serpiente está fría». Debe de ser verdad. Tal vez al tacto resulte un reptil suave, tan blando que no tiene huesos. Pero más que nada frío, con una extraña mezcla entre lo tibio y lo gélido. Pedro, vigués y de 11 años, ha acariciado una con sus propias manos y lo sabe. La ha sentido. El juego, llamado Tocatoca, se enmarca dentro de las actividades de verano del zoo de A Madroa. Durante una jornada entera, los más pequeños disfrutan de una fauna salvaje y cercana al mismo tiempo por sólo 15 euros. Pedro repite. Él ya sabe que «la serpiente está fría y que el insecto de palo huele a menta». El precio, a juzgar por las apariencias, compensa. Se les ve felices. La visita los lleva por todo el zoo. Pero ya no es un zoo cualquiera, como de película antigua, destartalado y ruinoso. Ahora es un zoo moderno, acondicionado según la normativa europea sobre eliminación de barreras arquitectónicas. «Hemos arreglado los caminos y estamos cambiando las antiguas verjas por las vallas de madera para acercar a los animales al público, siempre cumpliendo las medidas de seguridad oportunas», explica José Manuel Souto, Concejal de Vigozoo. Proximidad Pelayo y Brais, efectivamente, se muestran próximos. Quietos, a la sombra de un peñasco, semejan un gran oso de peluche de esos que tocan en la tómbola. Carolina González, cuidadora de A Madroa desde hace 22 años, aviva a uno: «Pelayo». Éste se mueve con pereza, se acerca a la cascada y baja al agua. Hace calor. Toda la acción se puede observar cómodamente desde una plataforma de madera construida para ello. Más adelante los monos han cambiado de lugar. Ahora tienen una isla dividida por un panel de vidrio. A un lado, los Macao de Gibraltar. Al otro, los Papinos Oliva. A través del cristal se miran desafiantes. «Hemos invertido casi 250.000 euros para que el conjunto esté bien acondicionado. Creo que ha valido la pena. Ahora, dentro de la roca, en sus habitaciones, tiene hasta un sistema calefactor por el suelo», cuenta José Manuel Souto. Mientras tanto, los niños se aproximan al final del recorrido matutino. Ya queda poco para el Tocatoca. «Es la actividad que más les gusta», comenta su monitora. Después se irán a comer antes de continuar por la tarde con la visita al reptilario y los talleres alternativos. Algunos, como Pedro, tal vez repitan pronto. Otros esperarán hasta septiembre. Entonces, con motivo del XXXV aniversario, podrán disfrutar de un campamento del día 6 al 8. Visitas nocturnas a los animales, acampada al aire libre y, sobre todo, el Tocatoca.