SIEMPRE que tengo la oportunidad me gusta recorrer las calles de Vigo andando aunque, dependiendo de la zona de que se trate puede no resultar ni fácil, ni seguro. El centro, donde se han invertido la mayoría de los fondos y los esfuerzos, luce realmente bien, a pesar de que, la piedra de los enlosados esté sucia por la contaminación, la falta de lluvia y la manía que tenemos de usar las calles como basurero. Resulta preocupante la fragilidad de los árboles y plantas que se han ido colocando en los diferentes maceteros. Tan hermosos y bien combinados como poco resistentes, suscitan inquietud por los efectos devastadores del mayor depredador urbano que existe: el vándalo descontrolado y ocioso que no tiene nada mejor que hacer que robar lo que adorna las aceras. Pero, traspasada la frontera invisible que separa lo que podría considerarse "parte noble" de la ciudad, uno parece entrar en un submundo de baldosas «trampa» y aceras estrechas en las que ni siquiera los hierbajos distraídos se atreven a brotar. Por citar algunas calles próximas al centro: Pizarro, gran parte de Travesía de Vigo, actualmente en restauración, a mi modo de ver, de poca calidad, y todas las calles que descienden desde la Avenida de la Hispanidad a las Traviesas, incluyendo la siempre olvidada calle Zaragoza, ahora en fase de derribo del «muro de Berlín» que separaba sus dos mitades. Estas últimas llevan soportando parches desde que se agotaron los fondos allá por la época del difunto Arca. No quisiera yo discriminar ni a los barrios ni a la periferia pero, ya puestos a arreglar, va siendo hora que se acuerden de estas zonas además del centro..